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La vida de novela de Víctor Hugo

Esta vez 'El Búho' nos cuenta la vida del genial escritor francés Víctor Hugo, la misma que parecía sacada de una trágica novela.

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Victor Hugo, uno de los genios de la literatura universal.

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El Búho

Este Búho se sorprende de las paradojas del destino. Tras el incendio de la emblemática iglesia de Notre Dame en París, el libro del genial Victor Hugo (Besacom 1802-París 1885) ‘Nuestra Señora de Paris’ o más conocido en la cultura popular como ‘El jorobado de Notre Dame’, se ha agotado en la librerías, ocupando el puesto cuatro de los ‘top ten’ en la venta de libros en Francia. El ‘papá’ de genios posteriores como Honoré Balzac y Gustave Flaubert, tuvo una miserable vida privada.

Todo empezó por la desgracia de su padre, José Leopoldo Hugo, quien fue soldado del ejército de Napoleón. Su esposa, y madre del escritor, lo engañaba con un general, Victor Lahorie, de ahí que le pusieran ese nombre al primogénito. El alto oficial ejerció una gran influencia en el pequeño Victor y sus hermanos. Pero el militar murió ejecutado por conspiración en 1812. 

El padre, despechado, se fue a vivir con otra mujer y dejó abandonados a su esposa e hijos que pasaron penurias. El niño Victor ya escribía en su cuaderno escolar narraciones y poemas, y ‘quería ser como el padre del romanticismo, Chateaubriand o nada’. Se casó con una amiga de infancia, Adele Foucher, a quien cortejaba su hermano Eugene. Cuando se casó con Adele, este se volvió loco y fue internado en un manicomio.

Adele tuvo cinco hijos con el escritor, pero cuatro tuvieron un terrible final. Leopold, el primero, murió a poco de nacer; Leopoldine se ahogó a los 19 años, Charles falleció de tuberculosis y Francoise de cáncer. La única que sobrevivió fue Adele y acabó internada en un sanatorio como su tío Eugene, al no superar un amor no correspondido.

La vida del genial escritor era la de una trágica novela. No solo lo acompañaban desgracias familiares, sino que su actividad política le supuso recibir los rigores del exilio, con el ascenso de Napoleon III. Mantuvo una aventura de 50 años con el gran amor de su vida, Juliette Drouet, muchacha humilde que se casó chiquilla con un escultor y luego vivió con un millonario. Victor Hugo la conoció en el ambiente teatral porque Juliette era una actriz sin mucho futuro. El viejo novelista se casó con rito ‘místico’ con la joven, pero igual siguió teniendo otras aventuras.

Ya famoso, mantuvo relaciones con la dama Leonie Biard, pero fue sorprendido por el esposo engañado. El hecho fue todo un escándalo en París. Leonie fue condenada a cinco meses de cárcel por adulterio. El poeta quedó devastado, pero continuó escribiendo ‘Los miserables’. Su esposa Adele también era una ‘joyita’ y correspondió a los cuernos con más cuernos: inició una relación con un crítico literario, Charles Sainte Beuve, que era admirador de Victor Hugo. Pero el escritor seguía prendado de Juliette, así que su esposa se hizo amiga de la encarcelada Leonie, se unieron para destruir esa inquebrantable relación y ambas le enviaron a Juliette las cartas de amor que el novelista le había mandado a otras mujeres, para demostrarle que ella no era la única en su corazón.

A pesar de todo, Juliette siguió con Victor en su huida al exilio, le ayudó a fugar y vivió con él en el extranjero. Aunque la esposa Adele murió en los brazos del escritor en 1869, él nunca abandonó a su amante. Pero siguió acostándose con jóvenes aspirantes a escritoras que querían llevarse a la cama a una leyenda de las letras.

Inclusive a los 76 años empezó una relación con Blanche Lanvin, de 20 años. Solo el sufrir una apoplejía supuso el reposo de este viejo espadachín. Curiosamente, Juliette murió tres años antes que el novelista, en 1883. Enfermo, no acudió al funeral, pero escribió en una fotografía de ambos:

‘Cincuenta años de amor, fue el más bello de los matrimonios’. El gran Gustave Flaubert, autor de ‘Madame Bovary’, admirador de Victor Hugo, le escribió cosas como esta: ‘Ha sido usted en mi vida una obsesión encantadora, un amor prolongado que no flaquea. Le he leído durante veladas siniestras y en verano a pleno sol, junto al mar, tendido en suaves playas (...) su poesía ha entrado a formar parte de mi constitución, como lo ha hecho la leche de mi nodriza. Algunos de sus versos siguen anclados para siempre en mi memoria’. Merecidos elogios a un escritor monumental. Apago el televisor. 

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