¡Woodstock, 50 años después!

El Búho escribe sobre el mítico Woodstock que se celebrará en su 50 aniversario de fundado. 

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Este Búho se estremece, hace cálculos económicos, averigua pasajes baratos y todo porque ya se acerca el mes de agosto y todas las miradas del mundo estarán puestas en Nueva York, concretamente en la localidad de Watkins Glen, donde se volverá a repetir, después de ¡50 años!, el festival musical que en 1969 marcó un hito inolvidable y trazó el derrotero de una juventud rebelde, hippie y que aborrecía a un gobierno que mandaba a morir a los jóvenes en la absurda guerra de Vietnam.

Fueron muchachitos los que organizaron un festival al que llamaron ‘Woodstock: tres días de música, amor y paz’. Michael Lang era un veinteañero cuando con dos amigos decidió organizar el evento musical en tres días, a las afueras de Nueva York.

Escogieron las colinas de un pueblito de granjeros de Woodstock. Pero cuando los pacíficos lugareños vieron a los jóvenes pelucones sin camisa y con jeans, fumando unos cigarritos de olor raro, los corrieron a patadas. Alquilaron un inmenso campo en la granja Bethel.

Lang recuerda las dificultades iniciales: ‘Los mánagers de los grandes grupos de la época se burlaban de nosotros cuando íbamos a invitarlos a nuestro festival. Nos miraban con desdén, como si fuésemos unos entrometidos. Pero tuvimos la suerte de que los Creedence Clearwater Revival aceptaran participar. Cuando los representantes de las grandes bandas se enteraron de que los CCR iban a estar, todos nos buscaron para apuntarse’.

El cartel del mítico concierto fue brutal para esos tres días: Richie Havens, quien abrió el concierto; bandas emblemáticas como ‘Crosby, Stills & Nash’ (formado por David Crosby, Stephen Stills y Graham Nash) en conjunto con Neil Young; Santana, en ese entonces desconocido, quien se inmortalizó con su tema ‘Soul Sacrifice’; los ingleses de The Who y Joe Cocker, los delirantes californianos del rockabilly, Sha-Na-Na; o míticas solistas como Janis Joplin y la música hecha poesía de Joan Baez y sobre todo, el eximio guitarrista Jimmy Hendrix, quien allí dio su testamento musical.

Esa ‘empresa’ juvenil calculaba llegar a 50 mil asistentes, pero fueron más de 300 mil, que hicieron colapsar todas los servicios. Pero eso no les importó a los jóvenes, ni las lluvias torrenciales ni el barro. Durante tres días hubo libertad sexual y se dio paso a provocaciones naturales de aquella época opresiva para la juventud, que buscaba salidas fumando hierba o consumiendo LSD. Otros ordeñaban vacas, ayudaban en la agricultura a los granjeros.

Todos esto se pudo ver en ‘Woodstock: tres días de paz, música y amor’, un documental extraordinario, donde esos tres días fueron brillantemente editados, entre otros, por un Martin Scorsese jovencito. Esa película la vio este Búho en el mítico cine Mirones pagándole una propina al ‘tío’ boletero, porque era para mayores de 18 años. Después de Woodstock nada volvió a ser igual. La época de los grandes festivales murió con el acuchillamiento de un joven afroamericano por ‘Los Ángeles del Infierno’, violentos motociclistas a quienes los Rolling Stones contrataron como cuerpo de seguridad.

Cincuenta años después, un Michael Lang ya cercano a los ochenta, pero con pinta de sesentón, vuelve a organizar el festival que le cambió la vida a él y a toda una generación. Entre el 16, 17 y 18 de agosto estarán otra vez en el escenario, repitiendo el plato, algunos de los músicos que estuvieron en 1969, como Carlos Santana, el vocalista de los Creedence, John Fogerty; David Crosby o el vocalista de Led Zepellin, Robert Plant, que quiere sacarse el clavo, pues no estuvo en el original.

Junto a estas viejas glorias estarán las mejores bandas del momento como The Killers, el pop de la exchica Disney, Miley Cyrus, o el actual rey del hip-hop ‘Jay-Z’.

El organizador Michael Lang es un idealista. Cree que puede volver al pasado, cuando los jóvenes querían escuchar la música en colectividad hasta el punto de vivirla las 24 horas como en Woodstock, aunque hoy los muchachos prefieren escuchar música solos, con sus tremendos audífonos adheridos a un smartphone. ¿Evolución o involución?

Apago el televisor.

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