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‘Astrid y Gastón’

'Astrid y Gastón' cumplió 25 años y la Seño María con el fotógrafo Gary conversaron sobre el conocido restaurante, convertido hoy en uno de los 50 mejores del mundo.

La Seño María

(Archivo: GEC)

Para la peruanidad hay un antes y un después de 'Astrid y Gastón'. (Archivo: GEC)

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Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por su sopa criollaza a la minuta, su carne molida y un ajiaco de olluco con harto queso, arroz graneadito y su churrasco a la inglesa encima. “María, cuando empiezo a pensar en que el mítico restaurante ‘Astrid y Gastón’ tiene ¡¡veinticinco años!! compruebo cómo el tiempo, en algunos casos, pasa para bien. Soy un convencido de que para la gastronomía peruana, y por qué no decirlo, para la peruanidad misma, hay un antes y un después del surgimiento de ‘Astrid y Gastón’.

No fue solo un simple restaurantito escondido en la miraflorina calle Alcanfores. Recuerdo que los vi en esos inicios en un programita de televisión al mediodía sobre cocina. Gastón era el especialista en los platos de fondo y Astrid esa gringuita carismática con su peculiar castellano. Para los peruanos eran la pareja perfecta. La cancha y el desenfado que en sus años iniciales ya mostraba Gastón permitían vislumbrar su ADN de líder, porque su padre fue un importante político de Acción Popular, el senador Gastón Acurio.

El chef Acurio, graduado en París, se volvería un ícono de la televisión y del emprendimiento. Con el paso de los años convenció a los propios peruanos de lo imprescindible de tener una identidad en un Perú escindido por las ideologías, la política, las desigualdades. Había algo que nos identificaba a todos, que nos unía: un cebiche, una papa a la huancaína. Podíamos unirnos en algo, en nuestra cocina. No fue tarea fácil, hubo que romper tabúes.

Luego, Gastón, Bernardo Roca Rey, ‘Cucho’ La Rosa, Mariano Valderrama y otros cocineros bravos coincidieron en un restaurante en el norte del país, en aquel ya lejano 2007, cuando sembraron la semilla de lo que hoy es la legendaria feria gastronómica ‘Mistura’.

Entre la degustación de platillos exquisitos, picaban arroz con pato a la norteña, cebiche de lenguado, papa a la huancaína, ají de gallina, lomo saltado, cocteles a base de pisco. Gastón estaba alucinado. Había asistido a ferias gastronómicas en distintos países, pero eran, más que nada, festivales especializados, ya sea en carnes, cervezas o vegetarianos.

Al degustar esa ‘mixtura’ de platillos peruanos alucinó que una feria que exponga la comida de la costa, sierra y selva del país serviría para poner la gastronomía peruana en bandeja y darle el reconocimiento merecido.

Las picanterías, las ramaditas, las anticucherías, los cebicheros, los exponentes de los contundentes platos de fondo de la cocina peruana nunca habían sido juntados en un lugar donde se les rindiera culto, que sea una reunión con aroma a devoción religiosa. No cabía duda de que Gastón Acurio era el rostro de todos esos guerreros armados de mandiles.

Hoy su restaurante está en el ‘top’ de los 50 mejores del mundo”. Pucha, mi amigo Gary tiene razón. Me voy, cuídense. 

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