Brujería a Pancholón

El Chato Matta le contó a la Seño María que el gran Pancholón se sometió a 'una limpia' para borrar 'el daño que le hizo una mala mujer'.

Seño María

Pancho fue víctima de brujería.

Pancholón fue víctima de brujería.

Mi amigo taxista, el Chato Matta, llegó al restaurante por una causita con langostinos y un filete de cachema frita con yuca y salsita criolla. “María, pasada la euforia de las fiestas de fin de año me timbró el gran Pancholón. Su voz no era la misma. Me dijo: ‘Chato, tú eres mi hermano, no eres soplón ni largador como otros. Baja urgente a mi casa, que el maestro Bruno me está haciendo una mesada. Apúrate que hay un trago selvático que te quitará la saladera y el daño en este 2019’.

Encontré al brujo con Pancho recostado calato en una camilla. ‘A Panchito le han hecho un trabajo con tierra de muerto. Esa mujer es mala, hace daño’, indicó el curandero. ¿Mala mujer? Le pedí a Pancho que me explique qué significaban todas esas calaveras y ese cuervo negro: ‘Chato, el maestro me está ‘limpiando’. Yo te conté que, desde hace unos meses, salía con una loquita. Fue mi culpa. Ella me dijo que no le importaba que tenga mi mujer, que podíamos ser ‘salientes’ sin compromiso. La íbamos a pasar bien. Pero me empezó a acosar. Se parecía a Glenn Close en ‘Atracción fatal’.

Se obsesionó conmigo y me iba a buscar a mi trabajo, me hacía desplantes delante de mis amigos, los abogados del Callao. Un día se apareció en mi casa. Tuve que llamar al Serenazgo, por eso la corté. Pero la semana pasada me llamó por teléfono: ‘¡Panchito, mi amochito. Eres un ingrato! ¿Cómo está mi gordito preferido? Me acabo de comprar una lencería espectacular de color rosadito, como tu amado Sport Boys’. Ella sabe de qué pie cojeo. Nos citamos en La Posada. Me avisó: ‘Yo estaré esperándote desde temprano, porque quiero darte varias sorpresas. Estaré en la habitación que te gusta, la presidencial con jacuzzi’.

Esa noche ingresé al cuarto y estaba oscuro. En eso, escuché la voz de la loquita: ‘¡¡Pancho, siempre serás mío. Siempre serás mío, mío, mío!!’. Y sentí un golpe en la cabeza. Cuando desperté estaba amarrado a la cama. Ella empezó a escupirme unas pócimas y tenía un muñeco gordito y con ojos verdes en la mano, clavado con alfileres. ¡¡Se parecía a mí!! Chato, te juro que desde ese día me duele todo. Tengo problemas hasta para ir al baño. Yo tengo la culpa por dejar bien a los varones. Para colmo de males, ayer recibí una carta que decía: ‘Pancho, si me dejas, te mato y me mato. Te vas a arrepentir toda tu vida. Conmigo no se juega. Tu loquita’. Pucha, ya me dio miedo. Desde Año Nuevo no salgo de mi casa”. Ese señor Pancholón tiene todo lo que se merece, es un cochino y mujeriego. Me voy, cuídense.

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