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El Brujo de Pancholón

Pancholón y el Chato Matta hablan de una experiencia fuera de lo común

Seño María

Pancholón y el doctor Chotillo están de más.

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Seño María

El Chato Matta llegó al restaurante por un cebiche de mero y un cau cau de mariscos con su porción de arrocito blanco y ajicito molido. Para calmar la sed, una chicha morada.

“María, la semana pasada te conté que el gran Pancholón me invitó a su sauna privado y me contó que ya está escribiendo sus memorias y que es muy posible que sea llevada a Netflix. Estuvo a un paso de irse al más allá, pero un milagro lo salvó. Un antiguo amor, Maritere, lo buscó al enterarse de que necesitaba ayuda. ‘Pancho -le dijo su amante muy seria-, nunca vas a cambiar, si entras a una iglesia, el cura se enferma o se cae el techo. Ya no tienes remedio.

¡¡Tú lo que necesitas es un brujo!!’. Luego, Pancholón me dijo: ‘Chato, estaba tan asustado que dejé que pararan un taxi y me llevaran donde un viejo por un cerro de Independencia. Cuentan que era el mismo tío que le hizo un amarre a un congresista a pedido de una chibola rubia. Allí, el espiritista, ni bien me vio, me miró mal y empezó a escupirme por todo el cuerpo un brebaje que olía igualito a los baños de esas discotecas ‘pacharacas’ de la avenida La Marina, donde hay chicas del cuento. ¡Sal, Satanás; sal de este cuerpo infiel! ¡Largo, Belzebú. Largo, Lucifer, fuera diablo, gordo mañoso!. Me sentía mareado y sin fuerzas.

Fue allí cuando me hicieron tomar un líquido que parecía aceite de ricino y entré en trance. Veía todo nublado. El brujo me decía: ‘Pancholón, enfermo del sexo, el diablo se ha apoderado de ti, grita: ¡No voy a desear a mujer ajena!’. Chato, te lo juro que quería mentir, pero los escupitajos del espiritista surtían efecto. Sí, nunca me puedo controlar. Hasta partí a mi hermano con su trampita, a mis amigos, como el doctor Chotillo, le arranché al amor de su vida, la guapa ‘burrier’.

Mi táctica es simple. Una sacada de lengüita, una mordidita de orejita y ponerle entre sus piernas mi tarjeta de abogado que no cobra la consulta. El brujo nuevamente me preguntó: ‘Pancho, los mandamientos son sagrados. Uno de los más importantes es no mentir’. ‘¡¡Habla, Pancholón; confiesa, pecador, filisteo. Hijo de Satán!!’, repetía. ‘¡Sííí!’, grité. Toda mi vida es una mentira. Engañé a mi primera esposa el mismo día de mi boda. Si ahora me comparan con ‘Ken’ Forsyth’. ‘¡¡Este hombre necesita un exorcismo, son 200 soles más!!’, exclamó, y se puso a hacer contorsiones como el clásico filme de la cachetona Linda Blair, ‘El exorcista’.

Chatito, nunca había vivido una cosa así. El brujo se recuperó y volvió a la carga: ‘¡¡Confiesa tus traiciones!!’. Yo respondí: ‘Sí, acabo de tener una encerrona con la enfermera que me estaba cuidando. Ella me secuestra y siempre me dice: ‘Panchito, este secreto que tienes conmigo nadie lo sabrá’. No puedo controlarme, cada vez que veo a una mujer, la quiero poseer, hacerla mía’. Chato, ¡¡el brujo volvió a ponerse en trance!!

En eso, la cara se me comenzó a poner roja. El brebaje me había provocado una tremenda intoxicación. Me llevaron en ambulancia hasta una clínica’”. Pucha, ese señor Pancholón está en mala racha. Al final, por infiel se va a quedar viejo y solo. Me voy, cuídense.

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