Los valores y la educación vienen de casa.
Los valores y la educación vienen de casa.

Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un bistec con papas fritas, una porción de arroz blanco, salsa criolla y, para tomar, un emoliente al tiempo.

“María, para nadie es un secreto que gran parte de nuestra clase política está podrida. Aunque en los últimos tiempos nos hemos acostumbrado a ver a alcaldes, gobernadores regionales y hasta presidentes de la República denunciados y hasta presos por corrupción, pues son protagonistas de millonarios robos y sobornos, situaciones de ese tipo no pueden ser vistas como normal.

Y lo peor es que la justicia no está haciendo su trabajo, pues muchos de esos corruptos, a todas luces culpables, están libres y, si entraron a prisión, salieron en tiempo récord por extrañas razones que huelen muy mal. Frente a este vergonzoso panorama, me pregunto qué pensarán nuestros jóvenes sobre la política, de la vida. Si una autoridad roba, se enriquece de la noche a la mañana y continúa libre, ufanándose de sus millones mal habidos, ¿cuál es el mensaje que la sociedad está dando? Simple: Tú también roba, pues no va a pasar nada. Roba y separa una parte de ese botín para sobornar a autoridades corruptas y así podrás seguir libre.

Por eso, hoy más que nunca, es grande la responsabilidad de padres y maestros en la formación de los jóvenes. Hay que insistir en que el único camino para una vida plena es el del trabajo honrado.

Ahora es cuando más hay que inculcarles valores a nuestros hijos, pues ellos son la única esperanza de este país. Desde pequeños hay que enseñarles a devolver hasta lo más mínimo, como un borrador, un lápiz gastado, un juguetito roto o una moneda de diez céntimos si no les pertenece. No podemos tolerar que aparezcan en casa con algo que no sea suyo. En eso no podemos transar, porque de grandes aparecerán con cosas de mayor valor. Tampoco se puede aceptar que mientan, que no cumplan con sus responsabilidades, como las tareas del colegio y ayudar en los quehaceres de la casa.

Y si no cumplen, hay que enseñarles a aceptar las consecuencias, que son las malas notas o un castigo. Deben estar conscientes de que sus actos tienen repercusiones y que deben afrontarlas. No pueden rehuirlas. Pero todo esto no tiene sentido si los padres solo lo decimos, pero no lo practicamos.

Los padres enseñamos con el ejemplo. Una persona honesta, disciplinada, organizada, estudiosa y trabajadora tendrá grandes posibilidades de triunfar en la vida, de realizarse. Podrá hacer el dinero que desee sin robarle a nadie. Y por las noches podrá dormir en paz, sin sobresaltos. Eso no tiene precio, sino que lo digan esos corruptos que se robaron millones, pero que hoy están hundidos en la vergüenza pública y viven con el miedo permanente de acabar tras las rejas. ¡Horrible!”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.

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