El Chato en el Facebook

El Chato Matta le contó a la Seño María que recibió en el Facebook una solicitud de amistad de Patty, un viejo amor que 'le dejó una huella imborrable en el corazón'.

Seño María

Invitación de Mary, le trajo grandes recuerdos al Chato Matta.

Invitación de Patty, le trajo grandes recuerdos al Chato Matta.

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El Chato Matta llegó al restaurante por su cebichito de cojinova, un poderoso arroz con mariscos y su chicha morada heladita. “María, el Facebook es alucinante. Recibí una solicitud de amistad. Era un viejo amor de esos que dejan huellas imborrables en tu corazón. Recuerdo que Patty entró de practicante al ministerio. Era chibola y yo le llevaba como quince años, pero era guapa, inteligente, y algo muy importante, tenía chispa, calle. Paraba leyendo libros de literatura y poesía.

A la hora del refrigerio me iba al archivo para conversar con ella, y siempre me prestaba libros. Habían varios ‘lanzas’ que se querían apuntar con ella, pero rebotaban feo. ‘Chato, me enferman esos chicos que ni me conocen, no saben cómo pienso y dicen que están enamorados de mí... No pues, lo único que buscan es llevarme a la cama. Si me conocieran, se llevarían una gran sorpresa. Y lo peor es que no tienen tema de conversación. Ni siquiera leen un libro, solo hablan de discotecas, ropa y carros’.

Patty vivía en Barranco, los sábados que no había trabajo nos encontrábamos por el Puente de los Suspiros. Dábamos largas caminatas. Las aves, la literatura y el vinito eran sus pasatiempos favoritos. Justamente, una vez que tomamos una botella de vino tinto nos besamos apasionadamente por primera vez. ‘Chato, tú eres el único hombre que me comprende, esperaste un montón de tiempo para estar conmigo y yo valoro eso’.

Patty -le respondí-, yo no me peleo con el tiempo, el tiempo es mi aliado, no mi enemigo. ‘Por eso me gustas, chato, y no quisiera hacerte daño o infeliz. No soy como tú crees, tengo problemas mentales, a ti no te puedo mentir. A veces tengo una personalidad totalmente distinta. Unos días estoy insoportable, no quiero ni salir de la cama ni hablar con nadie. No te vayas a ilusionar conmigo y después te lleves una decepción’.

Una noche me entregó un poema antes de subir a su ómnibus: ‘Cuando me miras mis ojos son las llaves del muro de mis secretos/pierdo el temor cuando estoy contigo/tus palabras son poemas/solo tú haces de mi memoria una viajera fascinada, un fuego incesante...’. Me quedé impresionado. Cuando por fin hicimos el amor, sentí que ambos lo disfrutamos, pero al final ella terminó llorando. Y francamente me enamoré, hasta que un día dejó de ir al ministerio. No me dijo nada y no daba señales de vida.

Llamé a su casa y su tía me dijo que estaba enferma, que no podía ver a nadie. ‘Hijo, ella es así, está medicada, entiéndela’, me pidió. Te confieso que sufrí mucho en ese tiempo, me paraba cerca a su casa durante varias horas con la esperanza de que salga y verla. Estaba loco de amor. Una vez se cortó el pelo, parecía hombre, ya no la reconocía. Por ese tiempo viajó a Estados Unidos donde vivía su padre. Nunca más la volví a ver.

Ahora quiere ser mi amiga en Facebook. No sé si aceptarla, tengo el corazón tranquilo y ya pasaron muchos años”. Pucha, ese Chato también tiene sus historias, pero se mete con cada chica. Me voy, cuídense.

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