Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un riquísimo puré de papa amarilla con asado de res, arrocito blanco y, para tomar, naranjada heladita. “María, aún no me pasa la impresión del horrendo asesinato de la mexicana Blanca Arellano a manos de un psicópata que no solo le quitó la vida, sino que la descuartizó y le retiró la piel del rostro y de partes de su cuerpo para impedir que sea identificada.

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La licenciada en turismo había llegado a nuestro país el 27 de julio pasado para encontrarse con su pareja virtual, el estudiante de medicina Juan Pablo Villafuerte, con quien se había conocido hacía dos años a través del aplicativo Fortnite. A ella, que estaba muy ilusionada, no le importó que el hombre de 37 años la lleve a vivir a un cuartito alquilado en Huacho, donde estudiaba la carrera de Medicina. Tampoco que en los tres meses que convivieron en esa ciudad del norte chico, no le haya presentado a sus amigos, familiares o a sus conocidos.

La tenía virtualmente escondida. Ella debió sospechar algo, pero aparentemente no lo hizo. Había vendido todo lo que tenía en México, auto incluido, para venirse a la aventura en el Perú. A los 51 años parecía necesitar la compañía de un hombre y no le importó iniciar una relación con un individuo que recién conoció en persona en julio. Juan Pablo era un tipo normal, según sus vecinos y amigos. Era muy amable y estudioso. Nunca había estado envuelto en escándalos y tampoco su hermano gemelo. Era una persona confiable.

Él es el principal sospechoso de la muerte de Blanca. Y de lo que le pasó después. Si se comprueba su culpabilidad, habría que preguntarse cómo un muchacho ideal, sin problemas y casi un ejemplo, termina convirtiéndose en un ‘monstruo’. ¿O así son los psicópatas? Se visten con piel de cordero y al final son lobos sedientos de sangre. Pero también hay que alertar a las mujeres, sobre todo de los peligros que hay en las redes sociales y en los aplicativos para encontrar pareja como Tinder.

Hay excepciones, por supuesto, pero esas formas de conocer pareja implican un peligro, pues uno no termina de conocer a sus contactos. Además, mucha gente miente o ‘le mete inflador’ a sus virtudes para hacerse el interesante. No es como conocer a alguien en una fiesta de barrio, en la universidad, en la boda de un amigo o que nos lo presenten a través de una amistad.

Las mujeres, en especial, no se pueden ‘regalar’ de la manera en que lo hizo Blanca Arellano, yéndose a vivir con una persona a quien no conocía y ni siquiera sabía sus hábitos o inquietudes. La mexicana estaba sola. De no haber sido por las redes sociales y el hallazgo del cadáver seccionado, que aún llevaba el anillo que nunca se lo quitaba, nadie hubiera descubierto el caso. Queda ahora que la Fiscalía termine de dilucidar lo que pasó y el asesino sea condenado”. Asu, qué historia. Me voy, cuídense.

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