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Cómo controlar la ira

Vivimos en tiempos de mucho estrés, pero la violencia no soluciona nada. Por eso la Seño María y el fotógrafo Gary nos traen unos excelentes consejos para controlar la ira. 

La Seño María

No dejes de seguir estos excelentes consejos que nos traen la Seño María y el fotógrafo Gary.

No dejes de seguir estos excelentes consejos que nos traen la Seño María y el fotógrafo Gary.

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Seño María

Mi amigo Gary llegó al restaurante por una sopa de mote, un contundente plato de arroz con pollo, y una jarra de limonada fresquecita. “María, hace unos días me dirigía a la avenida República de Panamá en hora punta y un taxi le cerró el paso al bus en el que yo viajaba. El taxista se bajó para reclamarle airadamente al conductor con palabras groseras y lo retó a pelear. Por poco sube al bus a pegarle. Casos similares pasan todos los días en nuestras congestionadas calles de Lima.

Esto es un claro ejemplo de la ira de los conductores en horas de mayor tránsito vehicular. Situaciones similares o muy parecidas se dan entre vecinos, compañeros de trabajo y hasta en miembros de una misma familia. Empiezan con reclamos, pasan a los insultos y amenazas, para terminar, muchas veces, en agresiones físicas.

Pero esa no es la forma adecuada de resolver los problemas. La clave está en calmarse para analizar la situación con mayor objetividad, sin la influencia de la emoción, para hacer prevalecer la razón y la justicia. Hay que tener en cuenta que los obstáculos son normales y están presentes desde el primer aliento de vida.

Apenas nacemos nos encontramos ante varios desafíos: respirar, regular la temperatura, digerir y expresar nuestras necesidades solo con el llanto. Aquí te dejo algunos tips para tus lectores.

Identifica el problema. Pregúntate qué es lo que te molesta o te hace enojar demasiado. Trata de aceptar que el problema era una posibilidad y hay que buscar la solución con calma.

Piensa en soluciones. Invierte un buen rato para poder analizar y ver cómo resolver el problema de manera positiva.

Piensa antes de hablar. En muchas ocasiones hablamos cuando estamos furiosos y decimos cosas que no queremos. Es mejor tranquilizarnos un momento y luego expresarnos verbalmente.

Reflexiona sobre tus acciones. ¿Hice bien al realizar esta acción en lugar de otra? Comparemos las situaciones malas con las buenas y nos daremos cuenta de qué es mejor.

Haz ejercicio. Mantenernos en constante actividad física ayuda a aliviar las tensiones del cuerpo y también de la mente. Ya sea correr, manejar bicicleta o realizar algún deporte, todo será bueno para el cuerpo.

No guardes rencor. Vivir molestos o amargados con una persona hará que pensemos en esa situación siempre y aumentará nuestro estrés. Aprendamos a perdonar y así mejoraremos como personas”. Tiene razón mi amigo Gary. Me voy, cuídense.

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