Ciudad devastada por terremoto. Foto referencial: EFE/Felipe Trueba
Ciudad devastada por terremoto. Foto referencial: EFE/Felipe Trueba

Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por su pescadito frito con arroz graneado, sarsa criolla y yuca sancochada. También por una sopita de pollo y, para tomar, naranjada. “María, otra vez tembló la tierra el domingo cerca de la localidad de Chilca, al sur de Lima. Y hoy se cumplen quince años del terremoto de 7,9 grados en la localidad de Pisco, que dejó más de 500 muertos y gran destrucción no solo en esa ciudad, sino también en Chincha, Ica, Palpa y el norte de la región Arequipa. Me acuerdo como si fuera ayer de ese sismo devastador, pues estaba trabajando a esa hora en la redacción, veinte minutos antes de las siete de la noche, y pareció como si una bomba atómica nos hubiera caído. La tierra se movía como el ‘tagadá’ de los juegos mecánicos y las cosas se caían por efecto del fuerte temblor. Al cabo de unos minutos, nos enteramos de que el epicentro había sido en Pisco. Solo cuando llegó la mañana el Perú entero pudo descubrir la magnitud del desastre, la mayoría de las casas destruidas o resquebrajadas.

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Miles de personas pugnando por un balde de agua o buscando comida. Los niños y ancianos durmiendo en carpas, pues no podían ni querían entrar a sus casas por temor a que las innumerables réplicas terminaran de matarlos aplastados por los escombros. Los terremotos no son cosa de chiste. Ni da para pensar que a nosotros nunca nos afectará. Dios quiera que no ocurra en las grandes ciudades como Lima, pues la mortalidad sería enorme con un sismo como el de Pisco. Especialmente en los conos la gente construye sin supervisión, planos ni estudios de suelos. El albañil que contratan solo aplica lo que aprendió de otros como él y nadie declara la construcción ante la municipalidad. Y en Barrios Altos, el Rímac o el Callao, abundan las casonas de quincha y adobe, donde muchas familias viven hacinadas en estas trampas mortales. Por eso, atento a estas indicaciones por si nos agarra un terremoto:

Trata de salir lo más rápido que puedas a la calle. Deja todo, no te distraigas sacando algo porque esos segundos pueden significar tu muerte.

Ten siempre a mano y en la puerta la llamada ‘mochila de emergencia’, que contiene alimentos, medicinas, agua, pilas o radio.

Mantén la calma en todo momento, no te desesperes porque contagias a los demás y todos necesitan resguardarse o salir a un lugar seguro.

Aléjate de ventanas, vidrios, espejos o paredes, pues se pueden caer sobre ti.

En la calle no te pares cerca de postes de luz o teléfono.

Atento a los menores de edad, minusválidos y personas de la tercera edad.

Reconoce las zonas de seguridad, que es donde debes permanecer hasta que pase la emergencia”. Asu. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.

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