Matrimonios al paso

Con motivo de la separación de la actriz Vanessa Terkes y el alcalde de La Victoria George Forsyth, la seño María y el fotógrafo Gary se preguntaron qué pasa con las jóvenes parejas que se divorcian con tanta facilidad.

Vanessa Terkes

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Seño María

El fotógrafo Gary llegó al restaurante por un jugoso bistec encebollado con arroz blanco y rocotito molido. Para calmar la sed, se pidió una jarrita de agua de carambola. “María, sorprendió el comunicado de Vanessa Terkes anunciando su separación del alcalde de La Victoria, George Forsyth, cuando ni siquiera habían cumplido ocho meses de casados. Recuerdo que el día de su boda se les veía ilusionados y felices.

Pero como las malas noticias nunca vienen solas, el cantante Josimar también hizo pública ayer la separación de su señora, ocurrida hace tres meses, cuando recién se casaron en diciembre del 2017, en una ceremonia en la que para muchos se hizo un gran derroche de dinero, pues se calcula que se gastó unos cien mil dólares.

¿Qué pasa con las jóvenes parejas, que se divorcian tan rápido y con tanta facilidad? Es un hecho que los divorcios aumentan cada vez más. Entre varias otras razones, creo que es porque los muchachos de ahora no le dan la debida importancia a la institución del matrimonio. Muchos hoy dicen ‘me caso a ver qué tal me va y, si no me gusta, no hay problema porque me divorcio’.

Pueden decir que mi pensamiento es antiguo o pasado de moda, pero creo que no se puede ver el matrimonio como un juego, como si fuera un negocio que puedo abandonar si no me conviene. El ‘hasta que la muerte los separe’ parece hoy no tener ningún significado. Nadie dice que deba mantenerse una unión en la que hay violencia, en la que ya no exista el respeto ni el amor. Pero si una pareja decidió unirse, debe luchar por su relación, ambos poner el máximo esfuerzo para que no termine en fracaso, especialmente cuando hay hijos de por medio.

El matrimonio trata de dar estabilidad emocional y económica a los hijos. En numerosas ocasiones, cuando se considera una separación, los padres solo piensan en ellos, en su felicidad, y los hijos quedan en un segundo plano. ¿Y la felicidad de estos? Ellos son los que más sufren con un divorcio, pues son niños o adolescentes que quedan marcados por una experiencia traumatizante, dolorosa e incomprensible.

Así que los jóvenes, si piensan en casarse, deben tener en mente que debe ser para estar unidos siempre. Por eso, se necesita ser muy cuidadoso en la elección de la pareja. Las preguntas básicas que debe hacerse alguien que quiere unirse en matrimonio son: ¿Amo a esta persona realmente? ¿Puedo estar junto a ella toda la vida? ¿Será un buen compañero que me dará paz, respeto y seguridad? ¿Será un buen padre para mis hijos? ¿Tenemos iguales o parecidas metas en la vida? Si las respuestas son afirmativas, se puede considerar casarse. De lo contrario, hay que ser sincero con uno mismo y con la pareja y decidir si vale la pena seguir juntos”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.

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