La italiana del Chato

El Chato Matta le cuenta más de sus desventuras en el amor a la Seño María. Esta vez recuerda a Livia, quien lo quiso llevar a Italia para casarse con él. 

La Seño María

El Chato Matta confesó estar arrepentido de no haber volado a Italia.

El Chato Matta confesó estar arrepentido de no haber tomado el vuelo a Italia.

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Mi gran amigo, el Chato Matta, llegó al restaurante por unos sabrosos frejoles con seco de cordero, rocotito molido y su jarrita de agua de cebada con linaza calientita para bajar la grasa. “María, la verdad es que creo que el destino juega conmigo. Tú sabes que de joven, antes que tenga a mis hijos, perdí la oportunidad de casarme con una mujer buena, que me amaba con sinceridad y comprendía mis subidas y bajadas, porque reconozco que tengo un carácter jodido.

Esa mujer se llamaba Livia, la famosa ‘italiana’, pues vivía en ese país. Estudiamos en el instituto, en los ‘años maravillosos’. Era una gordita buenamoza y cantaba huaynitos como los dioses, hasta tocaba su charanguito.

Años más tarde le perdí el rastro, hasta que un día mi viejita me dice: ‘Hijito, una chica que ha llegado de Italia dice que es tu amiga’. Era Livia, quien había convocado a la mancha del instituto, pero solo fui yo esa noche a la discoteca ‘Big Bar’ de La Marina.

Estaba figurita, lucía un vestido negro de Versace que dejaba ver unas piernas hermosas. Esa noche después de dos jarras de una trepadora sangría nos besamos y después demolimos un hotel.
De allí todo fue muy rápido. Nos escapamos a Huaraz y al regreso pedí su mano. Nos íbamos a casar en Italia, Roma, en la iglesia donde trabajaba.

Yo estaba decidido a cambiar de vida, pero mi instinto me ganó. Y la verdad es que le rompí el corazón. No quise viajar, a pesar de que me iba a pagar el pasaje y la luna de miel en la isla de Capri. Cuando fracasé en mi matrimonio por culpa de una tramposa que me presentó Pancholón, lloré en la soledad de mi cuarto y, en un momento, me arrepentí de no haber volado a Italia. Pero ya estaban mis hijos y a ellos jamás los abandonaría.

Ahora que sucedió la terrible tragedia en el puente de Génova, Livia reapareció en mi Facebook y me escribió: ‘Chato, sé que has pensado en mí. Alguna vez pasé por ahí y siempre se movía horrible. Pero bueno, ¿qué es de tu vida? Según mis espías, estás separado y te emborrachas todas las semanas con malas amigas que te presenta el cochino de Pancholón. Te pido que vengas a Italia, donde te espera una mujer que te sigue amando. Te dejo este poema de Ernesto Cardenal y te lo dedico de todo corazón : ‘Al perderte yo a ti, tú y yo hemos perdido: yo porque tú eras lo que yo más amaba, y tú porque yo era el que te amaba más. Pero de nosotros dos, tú pierdes más que yo: porque yo podré amar a otras como te amaba a ti, pero a ti no te amarán como te amaba yo’”.

María, no sé qué hacer. Fui muy malo con ella, no la merezco”. Pucha, ese Chato tiene su corazoncito. ¿Se irá del Perú para vivir en Europa? Me voy, cuídense.

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