Los jóvenes y el mal camino

La Seño María y el Fotógrafo Gary hablan de los jóvenes que escogen el camino de la delincuencia para tener todo fácil y cómo los padres tiene gran responsabilidad.

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Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un lomo saltado jugoso con arrocito blanco, papas fritas crocantes, perejil picado y, para tomar, una manzanilla calientita.

“María, cada día se perpetran asaltos, asesinatos, violaciones y otros delitos en prácticamente todos los distritos. En los últimos tiempos, los jóvenes, especialmente las chicas, se han ido convirtiendo en las víctimas preferidas de sanguinarios delincuentes, pues muchos llevan un smartphone, tablet o laptop. Por eso, los padres tenemos la obligación, hoy más que nunca, de guiar y proteger a nuestros hijos.

Y los chicos, así hayan cumplido la mayoría de edad, deben tener la inteligencia para escuchar sus consejos. A continuación, algunos de ellos para estar seguros:

Los padres deben tener un diálogo permanente con sus hijos, siempre respetuoso, en el que ambas partes hablen y sean escuchadas. Esto dará confianza a los muchachos para contar lo que les pasa.

Los hijos inteligentes escuchan a sus papás. Es común que adolescentes y jóvenes los ignoren con frases como ‘papá, eso era en tus tiempos, ahora las cosas son distintas’. Los jóvenes tienden a creer que las cosas malas solo les pasan a otros y no a ellos. Terrible error que puede costarles muy caro.

Los chicos deben elegir bien a sus amistades. Alejarse de las personas con comportamiento riesgoso (los que beben licor, se drogan, son violentos, frecuentan personas y lugares riesgosos, etc.) y elegir a gente positiva, que estudia, se dedica a algún deporte y piensa en superarse de forma honesta.

Las fiestas pueden ser peligrosas, en la medida en que se puede consumir licor, lo que altera la conducta, permitiendo actos de riesgo. Así, personas ebrias pueden ser violentas, involucrarse en peleas, tener sexo con cualquiera y sin protección, lo que podría causar embarazos no deseados y enfermedades incurables.

Si un adolescente o joven piensa ir a una fiesta, debe analizar si el lugar es peligroso, qué clase de personas irán, etc. Debe comunicarlo a sus padres y escuchar su opinión. Si va a la reunión, así sea hombre, en lo posible ir con personas de confianza. Debe ser acordada una hora de regreso a casa. Los padres deben ver si recogen a sus hijos o los esperan en un lugar determinado.

En lo posible, evitar beber licor y, sino, tomar con moderación para mantener el buen juicio y no ser un objetivo de delincuentes. Las personas maduras y con equilibrio emocional no necesitan embriagarse para divertirse. Mucho menos consumir drogas como cocaína, éxtasis y otras”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.

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