Machu Picchu. Foto: Alessandro Currarino|@photos.gec
Machu Picchu. Foto: Alessandro Currarino|@photos.gec

Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un sabroso arroz con pollo, con su papita a la huancaína y, para tomar, cebadita tibia para el frío. “María, somos en realidad un pueblo bendecido por Dios y la naturaleza. En este territorio florecieron culturas de un altísimo adelanto, que nada tienen que envidiar a otras como la de Egipto, Mesopotamia o India. Tenemos casi todos los climas del mundo y una biodiversidad enorme. Hay desiertos interminables, selvas exuberantes, montañas impresionantes y la fauna, ni qué decir. En este lugar del mundo se originó la papa, el maíz y la quinua, entre otros, que hoy alimentan al planeta entero. Además, nuestro suelo es rico en minerales, que es la principal riqueza del país. Y del mar, qué se puede decir. Las 200 millas albergan una fauna marina diversa, al extremo que fuimos alguna vez el principal exportador de harina de pescado, un fertilizante buscado y apreciado por agricultores del orbe entero. Pero no somos solo eso. Desde hace 500 años, al llegar los españoles, hubo un cruce de culturas que derivó en la raza peruana. Una amalgama del saber incaico y español.

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Un ejemplo de este sincretismo fue el Inca Garcilaso de la Vega, el de los Comentarios Reales y La Florida del Inca, a través de los cuales podemos conocer cómo fue el Tahuantinsuyo. Otro orgullo nacional es el novelista Mario Vargas Llosa, nuestro Premio Nobel del Literatura y protagonista del llamado ‘boom de la literatura latinoamericana’ junto a Julio Cortázar y Gabriel García Márquez. Y de qué más nos sentimos orgullosos los peruanos, pues de nuestra comida. Es rica, variada, utiliza todos los ingredientes y lo que el mar o la tierra nos puede dar. Aquellos que hemos podido viajar fuera del país, comprobamos que no hay comida más espectacular que la nuestra. Qué comida italiana, india o mexicana. La mejor, y de lejos, es nuestra gastronomía. ¿Quién se puede resistir a un lomo saltado, un cebichito o un arroz chaufa bien taipá? Y luego están nuestros atractivos turísticos. El Callejón de Huaylas con sus picos nevados, más hermosos y altos que los Alpes europeos; la grandiosidad de Machu Picchu, el sumun de toda la arquitectura inca; la tumba del Señor de Sipán, un dignatario moche que tuvo un entierro tan rico y majestuoso que no tiene nada que envidiar al faraón egipcio Tutankamón. Asimismo, nuestra inmensa selva y el río Amazonas, el más caudaloso del mundo y uno de los más largos. Finalmente quiero mencionar a nuestra música, los sentidos huaynitos, los alegres valses criollos, los movidos bailes afro o la cumbia, ese cruce de cumbia colombiana con ribetes nuevos que ya exportamos a Argentina, México, Chile y Colombia, con notorio éxito. Ese es mi Perú querido. Lo mejor que me pasó. De aquí nadie me saca. ¡Qué viva el Perú!”. Se emocionó mi amigo Gary. Me voy, cuídense.

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