La Seño María: Asesinos en el Callao. (Foto Referencial)
La Seño María: Asesinos en el Callao. (Foto Referencial)

Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un arroz con carne, salsa criolla y, para tomar, una chicha morada fresquecita.

“María, es una lástima que el Callao, el puerto más importante del país, esté tomado por los más sanguinarios delincuentes, especialmente asaltantes, extorsionadores y sicarios. El supervisor de la Policía Municipal, Edwin Pacherres, quien controlaba el comercio informal en el bulevar del jirón Lord Cochrane, al lado del Mercado Central, fue atacado a balazos, según testigos, por el sicario apodado ‘Chato Giuseppe’, quien hace solo un mes salió de ‘Maranguita’. Según los detectives, el chiquillo pertenece a la banda criminal ‘Los chatos’, de la zona de ‘La Siberia’. El gatillero no tuvo compasión y le disparó en el hombro, pierna y en la cara. El proyectil que le dio en el rostro ingresó por una mejilla y salió por la otra. Lo extraordinario es que el funcionario municipal, padre de tres hijos, se levantó y caminó hasta tomar un taxi que lo llevó al Hospital Daniel Alcides Carrión.

Me pregunto, qué más debe ocurrir para que el gobierno de una vez por todas se decida a intervenir en el Callao, un lugar donde todos los días hay asesinatos producto del sicariato.

Del Callao guardo los mejores recuerdos, como cuando iba donde el ‘Colorao’ a desayunar pan con pejerrey y un caldo de choros. Hoy, lamentablemente, mucha gente teme ir porque los criminales han impuesto su ley a sangre y fuego. Además, el narcotráfico es otra lacra que sigue actuando, pues ‘preña’ contenedores con cocaína que introducen en grandes barcos que parten a Estados Unidos y Europa.

Los chalacos buenos y trabajadores, que son la inmensa mayoría, están hartos de vivir con el temor constante de que sus seres queridos sean víctimas de las balas asesinas de los ‘mataporgusto’, criminales que se creen todopoderosos porque se agenciaron un arma robada y no dudan en disparar, hasta a menores de edad, con tal de hacerse de ‘un nombre’ en los bajos fondos. Como se lamentaba un curtido detective de la Policía del primer puerto: ‘Hoy estos chibolos no tienen ningún código, son como animales rabiosos, no respetan a nadie, ni a mujeres embarazadas, pues las acribillan sin piedad. Hubo un tiempo en que los más malditos asesinos respetaban a las mujeres y niños. Hasta eso se ha perdido, el grado de descomposición es enorme’.

En el Callao recuerdan con cólera que mucho de lo que ahora padecen es culpa de ciertas malas autoridades que entregaron armas de fuego a rankeados hampones para que les den seguridad y actúen como su fuerza de choque personal”.

Gary tiene razón. Me voy, cuídense.