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'Los muertos hablan'

El caso del asesinato y descuartizamiento de un peruano y un venezolano en un hostal trae a la memoria los casos policíacos más sonados, como el del ‘Monstruo de Armendáriz.

Descuartizados en San Martín de Porres
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Seño María

Mi amigo Gary llegó al restaurante por un jugoso plato de cebiche, un lomo saltado y una jarra de limonada tibiecita.

“María, el personaje de Sherlock Holmes fue creado en 1885 por el escritor escocés Arthur Conan Doyle. Era un detective que destacaba por su inteligencia, su hábil uso de la observación, interpretación de la realidad y razonamiento deductivo. En esos tiempos no había muchos recursos científicos para la investigación policial, pero Holmes se las ingeniaba para resolver los casos.

Sin embargo, los hechos criminales, conforme fueron evolucionando las sociedades, se han ido diversificando en sus modalidades. Muchas veces han faltado herramientas para dar con asesinos en serie, violadores o descuartizadores. En la prensa peruana se recuerda, por ejemplo, el caso del ‘Monstruo de Armendáriz’, quien fue acusado de violar y matar a un menor en 1954.

Un testigo señaló a Jorge Villanueva Torres (35) como culpable y esa acusación bastó para que todos lo condenen. Eran los últimos años del gobierno de Manuel A. Odría. El pueblo pedía la pena de muerte, pero él juraba que era inocente. Fue fusilado en ‘El Frontón’ tres años más tarde, pero no todo estaba claro. Investigaciones posteriores de la prensa indicaron que a Villanueva se le acusó por ser ‘negro, vago y ladrón, pero no por asesinar a un niño’.

El caso del asesinato y descuartizamiento de un peruano y un venezolano en un hostal me hizo recordar los casos policiacos más sonados, como el del ‘Monstruo de Armendáriz’. Los asesinos regaron los restos en tres puntos de Lima y desaparecieron las cabezas para evitar que la policía encuentre pistas, pero al siguiente día del hallazgo de los cadáveres se supo la identidad de Jafet Torrico, el peruano, por sus huellas dactilares registradas en el Reniec.

Luego de unos días se conoció el nombre del venezolano. Se trataba de Rubén Matamoros, quien fue reconocido por sus familiares al ver los tatuajes que tenía en un brazo y la espalda. Bien dicen que ‘los muertos hablan’, María. Y que el crimen no paga. Ahora tenemos las pruebas de luminol, el identifac y se aplican hasta diversas ramas de la medicina, como la odontología, genética, biología y hematología (estudia los elementos de la sangre).

También se usan hasta disciplinas científicas como la antropología forense. Una uña, un cabello, una cicatriz y hasta una muela curada pueden llevar a la identificación de un cadáver o el hallazgo de la pista que conduzca a la captura del asesino. Recordemos que no existe crimen perfecto y la justicia llega tarde o temprano”. Tiene razón mi amigo Gary. Me voy, cuídense.

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