El popular Pancholón cuenta una de sus tantas experiencias amorosas.
El popular Pancholón cuenta una de sus tantas experiencias amorosas.

El Chato Matta llegó al restaurante por un espectacular caldo de gallina con presa grande, papìta amarilla, huevo duro y su porción de arroz blanco graneadito. “María, me timbró el famoso doctor Chotillo. ‘Chatito, estoy ganado. Los pacientes hacen largas colas en mi consultorio, opero varias rodillas al día, soy socio del Jockey, vivo en un condominio exclusivo y camino con puros ‘charlies’, ‘galletones’.

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Te invito un Cartavio XO, Pancholón me está timbrando, nos encontramos en una hora en el búnker de siempre’. Cuando llegué, Pancholón deliraba de borracho y cantaba uno de sus temas preferidos de Greeicy y Mike Bahía: ‘Si lo nuestro no está bien/ Sin querer uno se enamora/ Si contigo yo la paso bien/ Así sea por un par de horas... Somos amantes, inocentes de lo que estamos sintiendo/ Tengamos un secreto y que nadie sepa de eso... Amantes, aunque pertenecemos a camas diferentes/ Aunque juzgue la gente/ Ya no importa la gente/ Si lo nuestro no está bien’...

Se tomó un vaso cargado de ron y contó una historia alucinante. ‘Causita -me dijo-, estoy bajoneado. Hasta el más grande mujeriego pierde alguna vez. Te conté que hace unos meses me volví a ver con Jackie, la mujer que me marcó en mi adolescencia. Fue el amor de mi vida, pero me traicionó con el Cholo Huaraca de la televisión, quien le puso casa y carro. Billetera mató galán. En ese tiempo, yo era universitario misio y viajaba en mi rico bus. A Jackie la vi después de 25 años y la encontré madurita. Toda una señora de las cuatro décadas en su punto.

Se había casado y divorciado de un italiano que le dejó una mansión y una cuenta de miles de dólares en el banco para ella y su hijo que, mis amigos pitucos de Santa Rosa, dicen que se parece a mí. Ella se portaba muy generosa conmigo, me compraba sortijas de oro, ropa y hasta arreglaba mi camioneta cuando se malograba, pero tenía un gran defecto: ¡¡Era enferma de celos!! ‘Pancho, sé que eres movidito, pero a mi edad ya no estoy para estupideces ni que me dejes en ridículo.

Ya sé que a tu carro le dicen ‘La sartén’, porque ‘chica que sube está frita’. Pero si te ampayo, mueres para mí. Mis ‘chacales’ ya saben todos tus movimientos y ‘diligencias’ en La Posada’. Pucha, causa, durante semanas me estuve cuidando y trampeaba asustado. Tú sabes que soy hipersexual y me aguantaba. Pero la otra noche me llamó mi venequita.

Ya le había perdido el rastro, desde que un procurador la vio chapando en un mercado con un cholón. ‘Gordito -me dijo-, tú me dijiste que podía hacer mi vida. El cholón es bueno conmigo, pero a ti te extraño. Quiero verte, tu salto del chanchito me fascina. Hazme tuya, papi. Siempre serás el hombre de mi vida, así me case con otro’... No lo pensé dos veces. Me estaba esperando echadita en la cama. Hicimos el amor como locos. Una y otra vez. Después me quedé dormidito.

Al día siguiente fui de lo más fresco a la casa de Jackie, quien me recibió con un cachetadón y me enseñó unas fotos tomadas de un celular. Allí estaba yo echadito con la venequita. Ella misma le había mandado las fotos a su correo. Y ¡¡encima las colgaron en las redes!! ‘¡Fuera, tramposo! ¡Rata, basura! ¡Cochino sinvergüenza!’, me gritó y me arranchó la cadena de oro de 30 gramos que me había regalado. Chato, perdí, estoy mal, pero no puedo dejar de trampear. ¿Un león se puede volver vegetariano?’”. Pucha, ese señor Pancholón se pasa de mujeriego y sinvergüenza. Me voy, cuídense.

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