Pancholón en cama
Pancholón en cama

El Chato Matta llegó al restaurante por un poderoso sancochado con carne de res, pollo, choclito, papa blanca y su porción de arroz blanco graneadito. Después se pidió una infusión de menta para la buena digestión. “María, el viernes estaba por irme a mi casa y me llegó un mensaje de wasap. ‘Chatito, tú eres mi hermano, mi único amigo, estoy mal, te espero en mi depa de soltero, no me falles...’.

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La verdad es que me preocupé por el gordito. Tantas amanecidas y noches interminables de alcohol deben estar pasándole la factura, pensé. Llegué volando y lo encontré echadito con una bata blanca. Una enfermera de cabello rubio y labios rojos a lo Susy Díaz le estaba dando en la boquita dieta de pollo y puré, pollo al vapor y ensaladita de zanahoria. Apenas me vio se alegró. ‘Causa -me dijo-, casi no la cuento.

Todo por culpa de mis amigos, los abogados del Callao, quienes me vieron bajoneado porque me había salido mal un ‘business’ y me presentaron a una modelo venezolana para levantarme el ánimo. ‘Doctor, bote el estrés con una buena encerrona’, me dijeron. ‘Somos los que somos, bingo’, grité emocionado y enrumbé a La Posada, donde me abren las puertas a toda hora porque llevo entrando más de 25 años a ese point de los infieles. ‘¡Uy, este gordito no creo que funcione!’, escuché que murmuró la venequita y me puse bravo, como esos toros que recién salen en las corridas.

Pedí whisky etiqueta dorada y salsa de Acarey: Las cosas que me dices/ el tono con que me hablas/ Me gusta tu voz, me relaja/ Porque siento que quiero darte un beso/ Aun sabiendo que no debo/ Tú me haces enfrentar lo que más temo/ Estoy tocando fuego, me gusta y me da miedo... Todo estaba bonito y pensé ‘voy a dejar bien a los varones con mi espectacular y legendario salto del chanchito’.

Pero apenas empezó la función me comencé a sentir mareado. Estoy seguro de que le pusieron algo a mi vaso de whisky. Chato, tú sabes que soy sano. Nunca me he metido esas porquerías por la nariz, solo mi traguito y mujeres. Pero siempre fui inquieto. La mujer que más amé en la vida fue la madre de mi hijo, pero igual, no soportaba hacer vida de casado. Sentía que vivía en una jaula y me escapaba en las noches con cualquier pretexto.

Me han querido atrapar, hacer la camita, el corralito y hasta brujería cuando encontré un muñeco gordito clavado con un montón de alfileres en la puerta de mi casa, pero nadie puede cambiarme... La cosa es que lo último que recuerdo es que todo se nubló. Quería abrir los ojos y no podía.

A lo lejos escuché que gritaban ‘se muere, se muere el gordo...’. Desperté en la clínica. Chato, los años no pasan en vano, pero los viejos guerreros mueren de pie, así que estoy esperando recuperarme y hacerla bonita, la noche es joven, la pampa es para todos’”. Ese señor Pancholón es un cochino y mujeriego. Ni porque está enfermo deja de contar sus sinvergüencerías. Me voy, cuídense.

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