Renato Tapia y Malcom Mendocha

El fotógrafo Gary le cuenta a la Seño María sobre el gran periodista y marketero ayacuchano Malcom Mendocha y su encuentro con un joven Renato Tapia antes de asomar como ‘El capitán del futuro’ de la sagrada ‘blanquirroja’.

Renato Tapia y Malcom Mendocha

Renato Tapia y Malcom Mendocha

Renato Tapia y Malcom Mendocha

Redacción Trome

El fotógrafo Gary llegó al restaurante por una papita a la huancaína con aceituna y huevo duro encima. De segundo un sabroso arroz con pollo, presa grande y para calmar la sed, pidió una jarra de chicha morada al tiempo.

María, llegó a la Redacción mi amigo, el gran periodista y marketero ayacuchano Malcom Mendocha. Gary -me dijo- fui al colegio ‘San Agustín’ como anterior delegado de deportes para observar un torneo de colegios religiosos. Ahí vi al espigado alumno Renato Tapia con cinta en brazo. Campeonando y asomando como ‘El capitán del futuro’ de la sagrada ‘blanquirroja’.

Años después, nos encontramos en el auditorio Scotiabank, convertido en ‘Embajador de la Fundación Creer’, para impulsar el balompié infantil. Me contó que su papá Lucho, en época de quinceañeros, le dijo: ‘Si quieres llegar a la selección, duerme temprano. Si vas a la fiesta, ¡no te llevo a entrenar!’. Lloró en su cuarto, pero obedeció la sabiduría paternal.

Desde la cuna se paró bien en la cancha. Con su indiscutible talento llegó al Liverpool de Inglaterra. No se derrumbó cuando lo excluyeron por falta de estatura y maduró en Europa, con el corazón abierto de mamá Nancy.

Mi doctrina es seguir el proceso de la selección. En un entrenamiento con la Sub-20 me impactó su pundonor, hasta se atrevió a planchar a Paolo Guerrero y Claudio Pizarro. Así llenó los ojos del ‘Mago’ Markarián y saltó al equipo mayor.

No canta, grita cerrando los ojos con fervor el Himno Nacional dejando el alma en la cancha. Como en la ‘Bombonera’, luego de su implacable marca a Messi.

Renato Tapia

Video: Movistar Deportes

Saliendo de la Videna, miró al frente por la ventana del auto y se estremeció de nostalgia, recordando su barrio, jugando en la Escuela Municipal de San Luis. Bajando de la combi de noche, en el paradero de la avenida Aviación y Canadá, después de entrenar en el Rímac.

Aún con relevancia internacional, en la Champions League, defendiendo al Feyenoord, el volante mixto mantiene la humildad y se ganó la ascendencia en la ‘bicolor’, administrando el WhatsApp grupal.

Lloré en el Estadio Nacional, la gloriosa noche que clasificamos a Rusia 2018. No pude contener mis lágrimas, apreciando en el gramado a su pequeñita hija, con la 13 en la espalda, buscando a su papá, en el abrazo mundialista más tierno.

Con los tres idiomas que habla sostiene que ‘la familia es primero’”.

Pucha, el señor Malcom se codea con grandes deportistas. Me voy, cuídense.

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