Doble crimen conmocionó a los vecinos de Mala.
Doble crimen conmocionó a los vecinos de Mala.

Mi amigo, el redactor gigantón Barney, llegó al restaurante por su seco de cordero con frejoles, arroz graneadito y su jarrita de cebada con emoliente para bajar la grasita. “María, el director me mandó a Mala, un pueblo apacible, donde me invitaba a pasar el fin de semana el querido fotógrafo Nacho Cuya. Pero parece que ahora todo el sur chico es ‘tierra de nadie’ y la vida no vale nada porque pululan los extorsionadores, las mafias y las disputas por las obras de construcción civil.

El asesinato de una joven pareja de venezolanos, David Moreno Santos (25) y Dividiana Farías (26), ha conmocionado al pueblo, mejor dicho, los ha horrorizado, por la forma como actuaron los sicarios. Los llaneros habían recibido la visita de un matrimonio de peruanos y libaban licor en su vivienda de un segundo piso.

Los sicarios ya los habían ‘marcado’. Sabían que los peruanos iban a salir y los extranjeros habían cerrado con llave la puerta de vidrio. A la una de la madrugada, Dividiana ya se había retirado a descansar porque tenía que trabajar como secretaria en una notaría. El sicario rompió con una piedra la luna y abrió la puerta. Por la música, el dueño de casa no escuchó nada. El asesino lo encontró sentado en el mueble y de frente le disparó en la cabeza y gritó con acento venezolano: ¡coño, eso te pasa por soplón! y preguntó a los peruanos aterrorizados ¡¿dónde está la chama?!

Ella quiso escapar, pero igual le dispararon en la cabeza. La policía, en un primer momento, barajó la hipótesis de un caso de ajuste de cuentas, pero la joven era secretaria y su pareja mecánico de motos. Luego se supo que Dividiana estaba citada a declarar en un juicio contra compatriotas delincuentes.

María, este horrendo ‘crimen para silenciar testigos’ me hizo recordar la extraordinaria película de Martin Scorsese, ‘Casino’ (1995), una historia basada en la vida real que recrea la vida de Ace Rothstein, un judío capo de las apuestas deportivas, que es reclutado por la siniestra mafia italiana para que administre su casino en Las Vegas, que les sirve no solo para obtener millonarias ganancias sin pagar impuestos, sino para lavar dinero.

Cuando se descubre la fraudulenta operación, en una escena alucinante, todos los viejos capos de la mafia afincados en Chicago y Kansas son llevados a juicio. Allí ingresaron con enfermeras, sillas de ruedas, oxígeno y suero. Pero cuando se encontraron solos en una sala adjunta, estaban ‘vivitos y coleando’ y decidieron que ‘no debían dejar cabos sueltos’ y acordaron eliminar a todos los hombres fuertes de la operación, desde John Nance, el hombre que les llevaba los maletines repletos de dinero de los casinos.

El operador, asustado, se había refugiado en una residencia en una recóndita playa de Costa Rica, pero hasta allí llegó el largo brazo de la mafia y lo acribillaron al igual que otros importantes elementos ‘para que no abran la boca’ en el juicio. María, la mafia no perdona”. Pucha, qué terrible historia. Me voy, cuídense.


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