Seño María: Delincuencia al mando | Foto: Andina
Seño María: Delincuencia al mando | Foto: Andina

Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por su seco de frejoles, sopita de menudencias y, para tomar, jugo de maracuyá heladito. “María, el sicariato, esa modalidad de delito importado desde Colombia y México, donde los narcos pagan para matar a sus enemigos, remece al país.

MIRA ACÁ | La Seño María: Evitemos tragedias

Ya no solo se circunscribe a Lima y el norte del país, sino a todo el Perú. Antes solo se mataban entre bandas de delincuentes, pero ahora cualquier hijo de vecino, por unos cuantos soles, puede ordenar la muerte de su pareja, rival de amores o un socio de empresa y no pasa nada. La escalada de violencia se ha incrementado hasta tal punto que ha rebasado a la Policía y muchos exigen la salida del Ejército para patrullar las calles.

Hay miles que han sido asaltados hasta en su propio barrio o en la puerta de su casa. Las edades de las víctimas también sorprenden. Antes, los hampones tenían ‘códigos’: no mujeres, ancianos o niños. Pero ahora los rateros no vacilan en apuntar o golpear a un menor de edad para arrebatarle su celular. La mayoría asalta bajo los efectos de la droga y por eso no vacilan en disparar a quienes se resistan, pues ese es otro cambio: los ladrones consiguen más fácilmente en estos tiempos armas de fuego. Hasta se lucen con sus ‘juguetitos’ por redes sociales, donde presumen de sus joyas, ropa de marca y tatuajes, costeados con su vida delincuencial. Ya es hora de parar esto, pero no vemos desde el Gobierno a alguien capaz de elaborar un plan nacional para barrer con la lacra de la delincuencia.

Para variar, en apenas cuatro meses de gobierno de Pedro Castillo hemos tenido ¡tres ministros del Interior! El segundo, Luis Barranzuela, tuvo que dimitir tras ser pillado armando un fiestón por el Día de la Canción Criolla en su casa de Surco, cuando el Ejecutivo había prohibido este tipo de reuniones para contener el coronavirus. Su sucesor, el exfiscal supremo Avelino Guillén, tuvo que ser sacado de su vida de jubilado para ocuparse de una cartera que no es su fuerte y donde no tiene nada de experiencia. Eso se nota, porque el hampa nos está ganando la guerra y si no le ponemos coto, terminaremos acabando como México, donde los narcos se matan a diario en las calles y se meten balazo sin importar dónde están.

Ellos mismos han arruinado el negocio turístico en Acapulco y ahora han ido por Cancún, en uno de cuyos hoteles de lujo desataron una carnicería. Esperemos que ese no sea el destino del Perú. A tiempo estamos, pero necesitamos decisiones fuertes y una conducción de estadista, que no tenemos”. Mi amigo Gary tiene razón. Me voy, cuídense.

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