El Chato Matta no puede con su genio.
El Chato Matta no puede con su genio.

El Chato Matta llegó al restaurante por un estofado de pavita con arroz blanco graneadito, ensalada fresca, rocotito molido y una jarrita de chicha morada. “María, estoy nostálgico, a pocos días de que se termine este horrible 2020 no puedo dejar de evocar las épocas de aquellos tiempos memorables en que agarraba mis cuatro trapos y me iba de viaje con mis enamoradas o ‘amigas cariñosas’.

Recuerdo que un Año Nuevo me había ganado el apagón del bingo del ministerio donde trabajaba. En ese tiempo salía con Vivi, una hermosa flaca de Jaén. Le dije: ‘Vivi, vamos a recibir el año en Los Órganos’, que en ese momento era una playita caleta. Ella aceptó encantada. Solo me hizo una advertencia: ‘Chato, por favor, no tomes mucho, porque a ti se te van los ojos cuando te metes unos tragos’.

Ya me tenía ‘escaneado’. Llegamos al balneario norteño y nos recomendaron un resort, ¡el de unos rusos! El hotel estaba vacío. Nos alojamos en un bungalow y al toque nos fuimos a la piscina y pedimos pisco sour. Allí vi a una mujer en una tanga espectacular. Era rubia y de ojos turquesas como el mar. Cada vez que Vivi se iba al baño o a la habitación a traer algo, la belleza me lanzaba una mirada matadora y se reía.

Al rato, el mozo me trajo un trago que no había pedido y me dijo: ‘Señor, se lo manda la señorita Irina, ella es la dueña’. Miré, me alzó la copa y dijo salud, riéndose coquetamente. Era el día de mi suerte. Al día siguiente me la encontré en la playa y allí se me acercó y en ‘rusquiñol’ me dijo: ‘Mi novio se va a Tumbes, puedes pasar a conversar a mi habitación 201 a las 5 de la tarde’.

María, me volví loco. No sabía cómo escaparme de Vivi porque ella ya se había dado cuenta de los movimientos de la rusa. Felizmente teníamos reservado un tour por Puerto Pizarro, los manglares y un criadero de lagartos. Es que Vivi era una apasionada ecologista.

Allí tuve mi oportunidad y me hice el que me había intoxicado con los mariscos y las conchas negras. ‘Amorcito, anda tú, me han caído mal los mariscos... Estoy mal del estómago, perdóname’. Se fue solita al tour.

Entonces aproveché para buscar a mi rusita coquetona. Me recibió con una tanguita espectacular y dos vasos de vodka. ‘Peruanito, salud. Mis socios me tienen sola en este hotel. Ustedes los latinos son fogosos. Demuéstramelo, moya lyubov’(mi amor en ruso).

Justo cuando iba a dejar bien a los varones, tocaron la puerta con rudeza y alguien gritó: ‘¡Irina, ya zdes!’(ya llegué en ruso). La europea puso cara de espanto. ‘¡¡Mi novio!!’ Era un gigante de dos metros. María, te juro que temí por mi vida. Salté por la ventana que daba a la piscina y me lancé de cabeza para pasar piola.

El ‘gorila’ miraba por la ventana, como buscando un intruso, y me parece que tenía una pistola. Salí y de frente me encerré en la habitación. Cuando llegó Vivi le dije que el resort era muy aburrido y que mejor fuéramos a Máncora, donde hay más diversión. No quería toparme más con ese ruso con pinta de asesino. Mi vida valía más que una aventura”. Pucha, ese ‘chatito’ tiene cosas de ese cochino y sinvergüenza de Pancholón. Feliz año. Me voy, cuídense del virus.


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