La pampa es para todos

El Chato Matta nos trae otra historia de Pancholón y el doctor Chotillo. 

Seño María

El Chato Matta nos trae otra historia de Pancholón y el doctor Chotillo.

Pancholón encaró al doctor Chotillo, pero al final el gordito se bajó.

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La Seño María

El Chato Matta llegó al restaurante por un sabroso chanchito al cilindro al estilo huaralino, bañadito en cerveza y crocante. Lo acompañó con papas doradas y ajicito molido. Para calmar la sed se pidió una jarrita de agua de carambola. “María, el viernes estaba tranquilo en mi casa, me iba a bañar para ir al ‘sobre’ y ver Netflix y en eso sonó tremendo bullón con salsa a todo volumen. Salí a la ventana y era el famoso doctor Chotillo, que cantaba: Una tramposa como tú/ que por día miente tanto/ y que prometía serme fiel/ mientras me estaba engañanadooooo... Una tramposa como tú que aguanté por muchos años, pero un día me cansé, ahora escucha mi relato... Ella besó, me acarició, hasta mi alma estremeció/ no me acordé jamás de ti/ en esa cama fui feliz...’.

‘Chatito -me contó-, el otro día estábamos tomando un roncito Cartavio X0, cuando de repente sonó el celular de Pancholón. Eran las terribles del Callao, Mary y Joselyn, dos amigas que son de avance. Querían ir a Barranco Bar. Pancholón se muñequeó, pues su mujer lo estaba marcando por fono y me dijo: ‘Hijo, vaya usted. Cuide a mi personal. Yo llego más tarde’. Fui a recogerlas en mi camioneta y la pasamos bacán, liquidamos hasta las 3 de la madrugada y, después, fui a dejarlas a su casa. Allí empezaron los problemas.

Cuando le dije a Joselyn que suba al carro, la flaca que se encierra con Pancholón en La Posada me agarró la mano y me la sobó cariñosamente. Al toque capté el mensaje, así que en el camino le dije: ‘Joselyn, te invito unas chelitas a solas para bajarla. Este secreto que tienes conmigo nadie lo sabrá...’.

‘Chotillo -me respondió-, Pancho es enfermo de los celos, así que si hablas, mueres para mí. Además, lo voy a negar todo. Vamos a La Posada y saliendo de allí, perdemos la memoria por los siglos de los siglos’. Al día siguiente me iba a mi consultorio y recibí tempranito la llamada de Pancholón, que me gritaba: ‘Causa, así no es, los cag... se van al piso’.

Parece que un ‘sapo rabioso’ nos vio entrar a La Posada y ella le contó otra versión. Que yo la había llevado al hostal de los infieles con engaños. ‘¿Fue así o no?’, me encaró Pancho. ‘Qué pasa, Panchito, tranquilo. Tú mismo escueleas a la gente y repites que la casa es sagrada, se respeta, pero la pampa es para todos’. Ahí, el gordito se bajó. Me llevó al bar de la Trinchera, puso ‘Ana Milé’ de Niche en la rockola y me invitó dos chelitas.

‘Chotillo, tú eres varón y te entiendo. Yo soy partidor desde los genes de mi viejito, así que el tramposo no se puede arañar en la calle. Si hubieras chocado con mi mujer, te acribillaba, pero aprende otra lección: ‘Somos caminantes y hay reglas de oro en la calle: A las trampas, así juren, lloren y digan la verdad, nunca les creas ni te enamores de ellas’. No tengo derecho a reclamar nada. Además, partidor que parte a partidor, tiene mil años de perdón...

‘Maestro, le dije usted sabe más que el juez Carhuancho. Su palabra es ley en el mundo de la tramposería”. Pucha, esos amigos del Chato Matta son de lo peor y, encima, están con las mismas mujeres. Me voy, cuídense.

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