Tragedia en bus

La Seño María y el fotógrafo Gary critican a dueños y directivos de empresas de transporte de pasajeros y de carga se resisten a formalizarse, pues así no pagan impuestos ni los beneficios de sus trabajadores

Bus interprovincial incendiado en Chiclayo

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Seño María

Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un pollito al vino con aceitunas, guindones y pasas, papa sancochada y arroz blanco graneadito con una jarrita de chicha morada fría para la sed.

“María, los peruanos nos sentimos tristes por la tragedia del bus incendiado en Fiori, en el que murieron 17 personas, entre ellas cuatro menores. Los peritos de la Policía investigan las causas del fuego y por qué se propagó tan rápido. Se sospecha de que pudo haber gasolina que era transportada, de forma ilegal, en galoneras. Esta desgracia y la inmensa mayoría de choques y muertes en las pistas y carreteras de nuestro país se deben a la informalidad.

Muchos dueños y directivos de empresas de transporte de pasajeros y de carga se resisten a formalizarse, pues así no pagan impuestos ni los beneficios de sus trabajadores. Como consecuencia, no tienen terminales de llegada y partida, no realizan un adecuado mantenimiento a sus vehículos, por lo que los sistemas de frenos, dirección y luces pueden estar defectuosos. Encima, es probable que sus choferes ni siquiera tengan brevete y que conduzcan más tiempo del establecido por la normativa vigente en el país, que son cinco horas de día y cuatro en la noche.

¡Cuántos accidentes fatales en las carreteras con incontables muertos ocurren porque el chofer se quedó dormido o ‘pestañeó’! Como si fuera poco, están los conductores que se creen ‘vivos’, que lamentablemente son la enorme mayoría, pues se pasan la luz roja de día o de noche, los que se meten en contra del tráfico, los que se movilizan por las bermas, los que le meten el carro a otros, los que no respetan los límites de velocidad y los que manejan mientras usan el celular.

Los que no ceden el paso a los transeúntes en los cruces peatonales, los que tocan el claxon como bestias, sin importarles que sea de madrugada y que van a despertar a quienes descansan, o que estén frente a un hospital. También están los que no obedecen a la policía y hasta los insultan y golpean, los que entregan coimas a los agentes para que no los multen o detengan por alguna infracción. Por los ‘vivos’ es que nuestras pistas están manchadas de sangre.

Por esos que le sacan la vuelta a las normas, sin importarles la vida de los demás. Encima, las autoridades no hacen respetar las leyes porque son flojos, negligentes y corruptos. Mientras sigamos siendo un país donde el ‘vivo’ es bien visto y hasta admirado, continuarán ocurriendo tragedias, no solo en las pistas”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.

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