La inteligencia naturalista se puede desarrollar de manera óptima en niños en etapa escolar a través de su contacto con la naturaleza o promoviendo la crianza o cultivo de animales y plantas. (Foto: Pixabay)
La inteligencia naturalista se puede desarrollar de manera óptima en niños en etapa escolar a través de su contacto con la naturaleza o promoviendo la crianza o cultivo de animales y plantas. (Foto: Pixabay)

Desde que el reconocido estudioso estadounidense propuso que la inteligencia humana no es una entidad única y sólida, y planteó la teoría de las , se sabe que no existe una solo sino varios tipos de inteligencias que permiten que la persona destaque de acuerdo a sus capacidades.

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Por eso, no resulta extraño que conozcamos personas que sobresalen en el deporte, en las ciencias, en el arte, en lo político, en lo musical o en otras áreas, en clara atención a los ocho tipos de inteligencia humana propuestos por Howard Gardner: lingüística, lógico-matemática, musical, espacial, cinestésico-corporal, interpersonal, intrapersonal y naturalista.

Y, debido a que cada una de ellas tiene procesos cognitivos particulares y con historias de desarrollo diferentes, en el caso específico de la inteligencia naturalista está ligada e “implica la comprensión del mundo natural y el funcionamiento del ecosistema” y por eso se dice que “esta inteligencia es la de los sentimientos con la naturaleza, los animales y personas”.

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HABILIDADES BÁSICAS

En ese sentido, como parte de sus habilidades, quien desarrolla este tipo de inteligencia se reconoce como parte interactuante del ecosistema y lo valora, y puede distinguir, clasificar y utilizar elementos del medioambiente.

Por esas razones, se dice que la inteligencia naturalista ha sido desarrollada por biólogos, ambientalistas, ecologistas, zoólogos, paleontólogos, botánicos, forestales, veterinarios y agrónomos.

No en vano, en la Derrama Magisterial –que la define como inteligencia ambientalista– consideran que este tipo de inteligencia no solo permite distinguir entre especies, formas de vida, recursos naturales, sino que también permite valorar su importancia y entender, con mayor conciencia y sensibilidad que el promedio, la trascendencia de su función en el ecosistema que tenemos como casa, nuestro planeta.

“Esta valoración puede desarrollarse de manera científica o de manera vivencial, por lo que no solo cubre el ámbito de las ciencias naturales sino también del activismo conservacionista. Ambas vertientes no deben faltar en la formación integral del niño y el adolescente”, afirman.

¿CÓMO DESARROLLARLA?

Precisamente, para estimular la inteligencia natural en niños en plena etapa escolar, en el Ministerio de Educación (Minedu) recomiendan desarrollar algunas actividades que podrían ser activadoras de este tipo de inteligencia como identificar y reconocer los recursos de flora y fauna de su región, fomentar su contacto con la naturaleza y promover experiencias de cultivo y crianza de animales.

También sugieren incentivar actividades que les permitan familiarizarse con proyectos de conservación del ambiente, realizar experiencias sobre los procesos y cambios de la naturaleza, desarrollar investigaciones de características del ambiente de la zona en que habitan, realizar disecciones de animales, promover visitas al campo e impulsar la tenencia de mascotas.

Para complementar este tipo de experiencias, además de establecer contacto con instituciones que desarrollen proyectos ecológicos, en el Minedu también sugieren utilizar algunos recursos como plantas, flores, mascotas, fotos o láminas de plantas o animales, globo terráqueo, herramientas de laboratorio como microscopios, entre otros.

Más aun cuando es sabido, como señalan en Casa UP –plataforma de la Dirección de Formación de Extraacadémica (DFE) de la UP–, que la inteligencia naturalista está presente “en niños que piensan instintivamente, que aman a los animales y las plantas, que reconocen y les gusta investigar características del mundo natural y su relación con el hombre”.