El escritor Juan Manuel Chávez estudió 'El dilatado cautiverio' de Juan Bautista por dos años. (Difusión)
El escritor Juan Manuel Chávez estudió 'El dilatado cautiverio' de Juan Bautista por dos años. (Difusión)

A , investigador de ‘El dilatado cautiverio’ de Juan Bautista, el hermano de Túpac Amaru II, la historia del familiar de José Gabriel Condorcanqui es la de un sobreviviente. El escritor peruano, residente en España, terminó este estudio - después de seguirle el rastro en Cusco, Lima, el norte de África y Buenos Aires - durante el confinamiento. La edición original tiene 38 páginas, y la enriquecida, de la editorial Arsam, tiene 218.

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¿Cuánto tiempo duró la investigación?

Aproximadamente dos años. Me permitió redondear mucho mejor la investigación los tres meses que estuve en Buenos Aires, con lo cual se pudo cotejar mucha documentación. Y tres semanas antes que se declare el confinamiento estuve en el norte de África. Allí pude cerrar muchos cabos sueltos y dedicarme a escribir.

Todos sabemos qué le pasó a Túpac Amaru II, pero nadie sabe qué le pasó a sus familiares. Como en este caso a Juan Bautista, ¿qué fue lo que te llamó más la atención en ‘El dilatado cautiverio’?

En muchos sentidos porque en este libro convergen mis obsesiones: el exilio, personajes que dejan su patria para establecerse forzosa o voluntariamente en otro lugar. También me importó el lado B de la historia, no el gran héroe que fue José Gabriel Condorcanqui, que tenemos claro que es el personaje central, sino enterarme que tuvo un hermano menor, que fue abusado en la rebelión, pero nunca asumió una posición activa. Es un sobreviviente, que es una forma de heroísmo.

Portada del libro "Juan Bautista Túpac Amaru", editado en la Colección del Bicentenario, de la editorial Arsam.
Portada del libro "Juan Bautista Túpac Amaru", editado en la Colección del Bicentenario, de la editorial Arsam.
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Los historiadores argentinos no creyeron en ‘El dilatado cautiverio’ de Juan Bautista después que lo escribiera para el gobierno de Bernardino Rivadavia.

Es un aspecto importante. Hay que recordar que este hombre pasa casi 40 años exiliado en el norte de África, consigue embarcarse a Buenos Aires entrando por Montevideo. Una semana después le escribió a Rivadavia y el presidente argentino dio un decreto que le permitió una manutención y residencia, con cargo para que escriba sus memorias. Esto fue puesto en el archivo bibliográfico de la nación, pero, pasados los años, hay un giro político y cierto desinterés, incluso, hay historiadores que lo consideraron un farsante.

Juan Bautista siempre busco sobrevivir, ¿cómo negar la rebelión de su hermano?

Hay que juzgar con ojos del pasado. Si nosotros, instalados en el siglo XXI, evaluamos el momento en el cual Juan Bautista dice: yo soy el hermano de José Gabriel Condorcanqui, pero no participé activamente. Entonces, también podemos recordar el tormento por el cual pasaron su cuñada y sus hijos, además de otros parientes allegados. Juan Bautista pone en la balanza todo esto y piensa que sobrevivir es algo muy meritorio. Yo quiero resaltar que fue muy coherente. En ningún momento, en sus cartas enfatiza que fue un rebelde, nunca se arroga, ni se apropia de alguna heroicidad que no es la suya. Es coherente en su papel de subalterno en el levantamiento. Cuarenta años después no se inventa una bibliografía falsa en Argentina para que le ofrezcan una pensión. Él dice: yo viví y sufrí cuarenta años de tormento porque mi apellido emite rebelión, en mí se encarna el último eslabón de esa rebelión.

Juan Bautista está enterrado en el cementerio de la Recoleta, aunque no se sabe dónde se encuentra su nicho. Me he puesto a pensar bastante en su familia cuando murió en Buenos Aires.

Esto me permite reflexionar sobre lo siguiente: en Perú no solemos introducir o involucrar la memoria de Juan Bautista, ‘El dilatado cautiverio’, dentro de los estudios literarios. Aunque existe un rubro del discurso memorialista que, en el siglo XX, podemos mencionar a ‘El pez en el agua’ de Vargas Llosa, ‘Permiso para vivir’ de Bryce Echenique, ‘¿Por qué hacen tanto ruido?’ de Carmen Ollé o los diarios de Julio Ramón Ribeyro, considero que estos discursos de la memoria canónicos se pueden conectar con un eslabón que es ‘El dilatado cautiverio’ de Juan Bautista.

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