Para este Búho no hay mayor indignación que tener que escribir sobre el asesinato de un valiente policía a manos de un hampón, de una lacra social. Pero el caso del mayor Felipe Andrade se torna especial. , al que increíblemente un ‘juez’ le había dado ‘arresto domiciliario’, a pesar de que tenía no solo varios ingresos a penales, sino que era un sicario que ofrecía ‘sus servicios’ en Facebook. 

Días antes del crimen, su asesino, ‘Mudo’, junto con ‘Ñaja’, su cómplice, habían desatado una balacera en una pollada, hiriendo a cuatro personas. ‘Ñaja’ delató a su cómplice. Me cuentan que Felipe Andrade, conocido en el gremio policial como el ‘Cazador’, decidió darse ‘una vueltita’ por donde sabía que el peligroso ‘Mudo’ cometía sus fechorías, extorsiones y robos. Lo demás es historia conocida. Este columnista no necesitó llamar a los colegas ‘tigres’ de policiales para saber de la clase de policía que era el mayor Andrade. “Aló, Búho, cubrí años la fuente de policiales y sé que tu escribirás algo del gran ‘Sabueso’. 

Pon que fue un implacable policía de la División de Homicidios. Sabía tratar a los familiares de las víctimas y sin pedir nada a cambio, decía su frase favorita: ‘No se preocupen, el asesino va a caer’. Y no escatimaba esfuerzos hasta dar con el delincuente, que a veces intentaba fugar por la frontera o se refugiaba en zonas fronterizas de la selva o Bolivia. Capturó a tantos prófugos, que se ganó el sobrenombre de ‘Cazador’. Pero no crean que era como el célebre detective ‘Harry Callahan’ de las películas de Clint Eastwood. 

No, Felipe Andrade era divertido y compartía con la prensa sus pesquisas, porque sostenía: ‘A veces, el policía debe tener buenas migas con la prensa, al final ambos queremos que el asesino esté tras las rejas’. Vacilaba a los reporteros nuevos y nunca hizo desplantes. Pero, sobre todo, era implacable con los delincuentes.
Me atrevería a asegurar que las lacras de Barrios Altos se la tenían jurada y la presencia de ‘Mudo’, provocadoramente en el mercado Mercedarias, pudo ser una emboscada y que otro cómplice participó en su asesinato. Una colega recordó en su velatorio en el local de la avenida Brasil, que Andrade tenía una frase que les hacía mucha gracia a todos. 

Cuando le preguntaban si no temía que tras haber capturado a tantos homicidas, alguna vez podría sufrir una venganza, él respondía: ‘Es que yo amo el peligro’, la muletilla de un detective célebre de los dibujos animados: Cool McCool”. Con veintiocho años de carrera en la división, el ahora comandante Felipe Andrade estaba a punto de irse a trabajar a la región Áncash. Él fue uno de los que capturó al temible sicario de ‘Caracol’, John Jairo Torres Cáceres, de dieciocho años, que mató al amigo de Gerald Oropeza, Patrick Zapata Coletti, y arrojó su cadáver en un basural de San Martín de Porres. 

No pudo terminar su misión en la vida, pero su esposa e hijos están orgullosos de él. En el periodismo, por lo general, las malas noticias son buenas noticias. Abundan noticias de policías corruptos, coimeros y ladrones, pero son escasas las de policías héroes. Sin embargo, no siempre es así. Hay miles de agentes del orden como Felipe Andrade, anónimos y que ponen el pecho y arriesgan su vida por defender a los ciudadanos. No por gusto nuestro premio nobel, Mario Vargas Llosa, escogió a un humilde sargento, Lituma, como el héroe de sus alucinantes novelas policiales, como ‘¿Quién mató a Palomino Molero?’ o ‘Historia de Mayta’. Este Búho asume el lema: ¡¡A la policía se le respeta, carajo!! Apago el televisor.

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