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Francisco Miró Quesada en el recuerdo

El Búho recuerda al periodista, filósofo y humanista, Francisco Miró Quesada Cantuarias, quien falleció el último martes. 

Francisco   Miró Quesada

Francisco Miró Quesada en el recuerdo.

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Este Búho se une a los sentidos homenajes por el fallecimiento del que fue un inmenso periodista, filósofo y humanista, Francisco Miró Quesada Cantuarias. Faltarían dedos para definir qué aspectos de su vida uno puede privilegiar para resaltar.

¿Homenajear al gran filósofo, autor de un libro fundamental: ‘Apuntes para una teoría de la razón’? ¿O al que leía a Kant en alemán o Louis Althusser en francés, y con quien también solía charlar...? O destacar su entrañable amistad con nuestro insigne antropólogo y escritor José María Arguedas, quien le dedicara un poema: ‘Con tu corazón de niño harás revivir a los hombres de sangre congelada/ Con tu buen saber apreciarás todo lo hermoso forjado en nuestra patria/ No te canses, hermano, pero no descanses(...)’.

O podemos hablar del educador, el que fue ministro de Educación del primer gobierno de Fernando Belaunde, y que junto a otro renombrado maestro, Carlos Cueto Fernandini, intentó elevar los estándares educativos en el país pero sufrieron la ignominia de la interpelación de un Congreso dominado por el retrógrado odriísmo y un aprismo con cálculo político hayista.

O podríamos abordar su gran pasión por la cultura francesa, por lo que recitaba de memoria poemas de Victor Hugo en francés y amaba París, de la que sostenía: ‘Es la ciudad más linda del mundo’...

O su papel como el embajador en Francia que logró la visita histórica del presidente Charles de Gaulle a Perú.

O podríamos resaltar que fue el fundador del más importante suplemento cultural del Perú, desde la mitad del siglo XX para adelante: ‘El Dominical’ de El Comercio, donde dio cabida a lo mejor de las artes y letras del país, como los poetas Martín Adán, Alejandro Romualdo, Washington Delgado, Carlos Germán Belli, Blanca Varela, Emilio Adolfo Westphalen, Jorge Eduardo Eielson, Francisco Bendezú, entre otros; también a un joven Julio Ramón Ribeyro, quien se mantuvo en Europa gracias al pago de sus colaboraciones en El Dominical. No pueden faltar Mario Vargas Losa, Alfredo Bryce Echenique y Luis Loayza, quienes colocaron sus primeros escritos en ese imprescindible suplemento fundado y dirigido con pasión y entrega por Francisco Miró Quesada.

Pero este columnista, de todas las áreas de la cultura y el conocimiento que abarcó el centenario pensador, quisiera mencionar una, de la cual muy pocos han hablado y escrito en sus obituarios y que fue acompañante de mi niñez. ¿Quién no ha leído y disfrutado todos los domingos en ‘El Dominical’ de El Comercio las aventuras de Supercholo? El primer cómic ‘made in Peru’ que se publicó en un periódico nacional.

Nació en tiempos en que las historietas de Walt Disney, como el Pato Donald, Mickey Mouse y Tribilín dominaban la cultura infantil urbana junto a superhéroes como Superman, Capitán América o Iron Man. El Supercholo nació en 1957, solo dos décadas después de Superman, en plena Guerra Fría.

Nadie podía imaginar que el enigmático e imaginativo guionista, que firmaba como ‘Diodoros Kronos’, podía ser nada menos que el filósofo, director de El Dominical y luego del diario El Comercio, Francisco Miró Quesada Cantuarias.

Este Búho, de chibolo, alucinaba con el personaje, siempre con su fiel llama Chaccha. Me divertían sus historias de cholo motoso que viaja por el espacio sideral. Una vez hasta participó en un campeonato de fútbol interplanetario. En los noventa, se incluyó a otro personaje, el ‘Capitán Intrépido’. Pero en sus primeros episodios, utilizaba una técnica muy innovadora: El ‘Supercholo’ interactuaba con los personajes ídolos del deporte de finales de la década de los cincuenta, como el futbolista Alberto ‘Toto’ Terry, el corredor de autos Arnaldo Alvarado, ‘El rey de las curvas’, o Alejandro Olmedo, el tenista peruano ganador de la Copa Davis.

Como vemos, el legado de Francisco Miró Quesada ya no pertenece solo a la familia propietaria del diario decano de la prensa nacional, sino a todos los peruanos, a quienes dedicó toda su vida para instruirnos desde su trinchera de papel, donde solo cabían las armas del amor al arte, la cultura y la imaginación.

Apago el televisor.

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