Presidente Sagasti.
Presidente Sagasti.

Este Búho se ve en la obligación de hacer un necesario balance sobre los primeros veinte días del gobierno de transición de Francisco Sagasti. El balance no puede ser positivo para el político del Partido Morado. Y lo comenté desde un principio. Me parece que cometió una equivocación al no cumplir la promesa que hizo al ceñirse la banda presidencial: ‘hacer un gobierno de ancha base y plural’.

Pero al anunciarse a los miembros del gabinete, vimos con sorpresa que estaban sus amigos de las organizaciones no gubernamentales, de la izquierda y antiguos funcionarios públicos de sucesivos gobiernos: Toledo, Ollanta, PPK, donde su participación estuvo signada por la grisura.

Este mandato de transición tiene tareas claves: 1.- Combate frontal a la pandemia 2.- Continuar con el programa de reactivación económica 3.- Garantizar elecciones totalmente transparentes. Lamentablemente, aconsejado por el breve ministro del Interior, Rubén Vargas, se saltó el establecido escalafón de ascensos para la Comandancia General de la Policia Nacional pasando al retiro a 18 tenientes generales y generales para colocar a un general que estaba en un exilio dorado en España.

Se sabe que en esa lista había generales con hojas de servicios intachables, como lo viene sosteniendo un analista independiente y respetado como Gustavo Gorriti. El presidente llegó a Palacio y por su estilo generó mucha expectativa en la población y debe dar un golpe de timón para no perder credibilidad. Porque ante todo está la gobernabilidad del país para llegar a buen puerto en abril, con una economía en recuperación, una pandemia controlada y unas elecciones limpias.

Sagasti no puede volver a equivocarse. Tiene que reconocer que el gobierno empezó mal y está en la obligación de ajustar sus piezas porque los hambrientos ‘otorongos’ del Congreso no se van a quedar contentos solo con la cabeza del anterior ministro del Interior e irán por más.

Increíblemente los ‘vacadores’ del Legislativo, que en la asunción del mando de Sagasti estaban con cara de velorio y derramaban ‘lágrimas de cocodrilo’, y pedían perdón a la calle que sacó a Merino, salieron como una jauría rabiosa ante la penosa pasividad del Ejecutivo, arrinconado por rumores de ‘paro policial’ y las protestas en Ica y La Libertad.

Edgar Alarcón, con un pie afuera del Congreso por varias denuncias de enriquecimiento ilícito, resucitó cual Lázaro y empezó el contraataque denunciando al vicepresidente del Congreso, el acciopopulista Roel, con el objetivo de tumbarse a la directiva de Sagasti.

Podemos Perú impulsó la ley para que el gobierno entregue 4 mil 500 millones de soles a los aportantes de la ONP, poniendo entre las cuerdas a Sagasti que pensaba recurrir al Tribunal Constitucional.

Por su parte, José Luna, desde la Comisión de Defensa del Consumidor, esta ‘apretando’ a la Superintendencia de Banca y Seguros exigiéndole información confidencial sobre ‘secretos bancarios’ de cientos de empresas y personas. ¿Con qué fin?

¿Qué siniestro plan se traen entre manos los ‘vacadores’ con la ‘sangre en el ojo? El cargamontón lo continuó otro de los grandes derrotados, el Frente Amplio del ‘cura’ Arana con su congresista Bazán, quien hizo honor a su nombre y alucinó en los justos reclamos de los trabajadores agroindustriales un embrión de los ‘soviets’ de la revolución rusa de Octubre, y se convirtió en su principal agitador.

En las protestas de Ica y La Libertad el gobierno pagó caro el innecesario conflicto con la Policía Nacional. ¿Con qué cara les iba a pedir a los generales que enviaran escuadrones antidisturbios para que desalojaran la carretera?

El gobierno no debió dejar pasar ¡¡cinco días!! en que los manifestantes, por más justos que fueran sus reclamos, impidieron el libre tránsito de vehículos de carga, pasajeros, y realizaran todo tipo de desmanes. Se percibió una total falta de liderazgo y autoridad.

La Defensoría del Pueblo sostiene que hay zonas de conflicto que se le pueden escapar de las manos al gobierno: La Bambas, conflictos por contaminación de ríos en Puno, protestas de comunidades nativas por la contaminación de ríos y lagunas por las petroleras. Y por supuesto, la inseguridad ciudadana ahora que se vienen las fiestas navideñas, año nuevo, y debe encontrar tanto al Ministerio del Interior y a la Comandancia General de la Policía en sintonía para que no se repitan los errores que terminaron con un ministro del Interior tan rápido que no estrenó su terno nuevo para el pedido de confianza. Apago el televisor.



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