Manuel Puig y 'La traición de Rita Hayworth'

El Búho escribe domingo acerca del argentino  Manuel Puig y su ópera prima, 'La traición de Rita Hayworth'.

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Hoy, El Búho escribe sobre Manuel Puig.

Hoy, El Búho escribe sobre Manuel Puig. (Wikipedia)

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Este Búho cree en el destino. No tenía un tema definido para mi columna literaria de los domingos. Buscando entre cajas antiguas, ¡oh, sorpresa!, encontré una película histórica, ‘Gilda’, que catapultó a la célebre actriz Rita Hayworth y que está ambientada en Buenos Aires. La vi de madrugada y al levantarme por la mañana, ‘googleé’ para saber más de la diva y me topé con ‘La traición de Rita Hayworth’. No, no era otro gran filme de la bomba sexy norteamericana, hija de español y que se casó cinco veces, incluso con el cineasta Orson Welles. Aquella misma mujer, que con más de una copa de ginebra encima, luego de su fracasado matrimonio con el inmenso Welles, dijo sin tapujos: ‘Los hombres se van a la cama con Gilda y se levantan conmigo’. ‘La traición de Rita Hayworth’ es un libro, la ópera prima del argentino Manuel Puig, uno de los escritores emblemáticos del llamado ‘boom’ latinoamericano iniciado en la década de los sesenta del siglo pasado, con Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar o Carlos Fuentes.

Se publicó en el año 1968, o sea, cumple ‘cincuenta años’. Motivo más que suficiente para rendirle un merecido homenaje, pues es una ‘joyita’ que lanzó a Puig al parnaso literario. Pero a diferencia de Vargas Llosa o Cortázar, Manuel no era el prototipo del autor del ‘boom’, constituido por esos jóvenes intelectuales latinoamericanos que orientaron su vida única y exclusivamente a ser escritores y obtener el éxito literario. Puig, criado en el pueblito General Villegas, se inclinó más por el cine. Soñaba ser director y la culpable fue su madre, una química que trabajaba en un hospital. Como no tenía con quién dejarlo, desde los tres años se lo llevaba al cine, pero el pequeñín, ni bien se apagaban las luces, lloraba sin parar. Su madre resolvió el problema haciéndolo ver la función en la cabina de proyección, donde había luz. ‘La primera película que vi, a los cuatro años, fue ‘La novia de Frankenstein’, con Boris Karloff’, contó. Su padre detestaba que su hijo fantasee con un mundo irreal. ‘Quería que pateara pelota o montara bicicleta, pero mi madre compartía la maravilla de vivir un mundo irreal y mágico del celuloide’, narró.

Como en su pueblo no había secundaria, Puig se traslada a Buenos Aires. Estudia Filosofía, pero lo suyo era el cine y gana una beca en Italia; no obstante, se decepciona porque dominaba el neorrealismo y las producciones de Hollywood eran despreciadas. Viaja a Nueva York para lograr su sueño de ser director y trabaja en el aeropuerto John F. Kennedy como empleado para la compañía Air France. De seis a dos de la tarde labora y luego hace sus prácticas en un estudio de cine. En las noches hasta la madrugada escribe la que sería su primera novela: ‘La traición de Rita Hayworth’. En esta ciudad sucederá un hecho que obligará a Puig a abandonar su ilusión de ser director. Trabajaba como auxiliar en la filmación de la película ‘Adiós a las armas’, dirigida por Charles Vidor y protagonizada por la bella Jennifer Jones. Esta era reacia a interpretar escenas ‘sencillas’ o ‘cursis’, lo que desesperaba al veterano director, con quien se enfrascaba en broncazas, a tal punto que se suspendía la grabación. El joven argentino llegó a una resolución: ‘Nunca podré ser director, no tengo el carácter para dirigir a estos actores que se creen dioses’. De esa forma, ingresó con el pie derecho al mundo de las letras al darle una frescura hasta ese momento inédita en la literatura latinoamericana. Si Vargas Llosa o García Márquez vieron las técnicas de Faulkner, Flaubert o Kafka; Manuel usaba técnicas de guiones cinematográficos, folletos de novelas, radioteatro y telenovelas. Así nos presentó la historia de ‘Toto’, el ‘alter ego’ de Puig, que vive en el pueblito ficticio de Coronel Vallejos. Las historias de personajes familiares y vecinos se van entrelazando en diálogos directos, sin terceras personas, pero luego aparece un narrador, ‘Toto’, y después siguen unos diarios íntimos. Un genial rompecabezas cuyo hilo conductor es esa entrañable relación entre una madre y su hijo, un disimulado pincelazo autobiográfico. Esa novela le fue entregada a Carlos Barral, quien al leerla lo animó a concursar en el famoso premio Seix Barral. Quedó entre los finalistas, pero no pudo ser publicada por el veto del mismísimo Mario Vargas Llosa, quien dijo: ‘¿La novela de ese argentino que escribe como Corín Tellado...?’. Pero la inmensa carrera de Puig recién comenzaba. Su obra fue una de las primeras en combatir la homofobia. No se puede negar que después de leer o ver versiones de obras como ‘El beso de la mujer araña’, donde Puig cuenta la relación entre un político radical de izquierda y un gay, muchos se atrevieron a ‘salir del clóset’. William Hurt ganó el Óscar al mejor actor por su adaptación en el cine... Pero eso será tema de otra columna. Apago el televisor.

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