El Búho recordó la cinta Grease.
El Búho recordó la cinta Grease.

Este Búho está seguro de que hay llanto en las cantinas de todo el país y también en las de Huaquillas, Machala, Loja, en Ecuador, donde tenía legión de admiradores. Ha muerto el gran bolerista Guiller, el famoso ‘Rey de las cantinas’.

Vivió una dura batalla contra el coronavirus. Hace seis meses había perdido a su esposa Sonia, su compañera de toda la vida. El 30 de abril, el intérprete de ‘La loca’ dio positivo al coronavirus. Todos pensaban que iba a tener una cuarentena sin contratiempos en Villa Mongrut. Pero por precaución decidieron trasladarlo al hospital de EsSalud de Bellavista. Su hijo Carlos Caldas reveló: “Lo llevábamos bien, ingresó caminando y les cantó unas estrofas de ‘El rey de las cantinas’ a los enfermeros, que se tomaron fotos con él”.

Fue allí donde el virus atacó sus pulmones con virulencia. Estuvo con oxígeno, pero su situación era tan crítica que era urgente trasladarlo a una cama UCI, que no había en ese hospital, pues las salas de cuidados intensivos habían colapsado. Sus familiares hicieron público el desesperado pedido. Las autoridades médicas del hospital de Vitarte, ‘hinchas’ del bolerista, se enteraron de la situación y le consiguieron una. Todos pensaban que se iba a recuperar, pero su situación se agravó hasta su deceso.

Guillermo Caldas, Guiller, había cumplido recién 45 años de vida artística. Esta maldita pandemia impidió que lo celebrara por todo lo alto, como en años anteriores, con sus grandes amigos Lucía de la Cruz e Iván Cruz. Este columnista nunca olvidará la época en que trabajaba en una revista que ahora yace en el ‘cementerio de papel’, en Jesús María iba con mi hermano Walter Custodio, recalábamos en una cantina al lado del mercado, en la avenida 28 de Julio, en una esquina de nombre alucinante: ‘La Cámara de Gas’. Le pusieron así porque estaba ubicada en un sótano y solo había unas ventanitas arriba, donde veías los zapatos de los hombres y mujeres que caminaban. Imagínense ese asfixiante ambiente, con el humo de cigarrillos, el sudor en verano y el olor que emanaban baños llenos de aserrín. Así son las cantinas, un fenómeno muy peruano. No hay ‘cantinas’ en otros países de Sudamérica. Locales donde no se vende ni comida, ni siquiera galletas. Solo cerveza, trago corto o cigarros.

En esas épocas pocas mujeres se atrevían a ingresar. Por más misia y por más barrio marginal donde estuviera ubicada, nunca faltaba una ‘rockola’, esa máquina donde ponías una monedita y te sonaba un disco. Así, los hombres ebrios, decepcionados, lloraban sus penas. Casi siempre los discos eran de boleros cantineros. Allí las canciones de Guiller ‘rayaban’. En ‘La Cámara de Gas’ vi llorar a hombres recios, obreros, achorados, cuando ponían ‘El divorcio’, una clásica del maestro: ‘Juraste amarme, toda la vida/…el señor cura, representando la ley de Dios, dio la sentencia de estar unidos hasta la muerte/ y ahora te atreves a proponerme separación/ te puedes ir a donde quieras/ con quien tú quieras, te puedes ir/ pero el divorcio, porque es pecado, no te lo doy’.

Hombres rudos se quebraban por una traición. Otros ponían una y otra vez ‘El rey de las cantinas’, canción emblemática de los borrachos, cuya letra es de Marcial ‘Chito’ Gadino y Eduardo García. Tema cantado por muchos boleristas, pero nadie con el estilo de Guiller, ‘el hijo pródigo de Barrios Altos’: ‘Me llaman el rey de las cantinas/ me llaman así por burlarse los que no han sufrido penas de amor/ me dicen que soy un borracho/ no entienden que el hombre más macho también ha bebido y llorado por una mujer/ por eso con trago y cigarro/ yo vivo ahogando mi vida’.

Hoy estará brindando con San Pedro, cantando la desgarradora ‘Salva a mi hijo’, ‘La suegra’, ‘El bacán’. Descanse en paz, ‘Rey de las rockolas’. Apago el televisor.