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Este Búho ha escrito cantidades navegables de cerveza, perdón, de tinta sobre el ‘viejo indecente’, el escritor norteamericano (Andernach, Alemania 1920-California 1994), genuino exponente del ‘realismo sucio’. Esta vez vuelvo a sumergirme en la senda de sus personajes perdedores, cínicos, borrachosos, adictos a las carreras de caballos, al sexo, a la filosofía barata.

Pero no es su legendario ‘alter ego’ Henry Chinaski el protagonista de su última novela: ‘Pulp’ (1994), publicada justo el año en que partió de este mundo para encontrarse con Satanás, aquejado por una mortal leucemia. Me sorprendió gratamente leer esas 176 páginas trepidantes de un tirón, regocijándome con las aventuras, o más bien desventuras, del protagonista, el detective privado de Los Ángeles, Nick Belame.

‘Tenía resaca. Vodka mezclado con cerveza. Eso se paga. Lo único bueno que tiene ser un borracho es que nunca estás estreñido’, reflexiona el investigador al mejor estilo de Henry Chinaski, el sempiterno protagonista de sus celebres novelas ‘Cartero’, ‘Factotum’, ‘Mujeres’, ‘La senda del perdedor’ y ‘Hollywood’.

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Pero hasta Henry, el ‘Cartero’, tiene un ‘cameo’ en ‘Pulp’, como el vecino ladilla y vengativo de Nick. La última novela del autor de ‘Mujeres’ es un homenaje a la novela negra. El entrañable ‘Hank’ no es Quentin Tarantino, pero sí nos presenta una alucinante ‘Pulp Fiction’: en la oficina del detective privado Belame no se paran ni las moscas, pero de la noche a la mañana le empiezan a llover clientes que le pagan sin chistar por semanas de trabajo a ‘seis dólares la hora’.

Un caso más enrevesado que el otro. Una belleza de cuerpo espectacular, que se hace llamar ‘Señora muerte’, lo contrata para encontrar a Céline, sí, al celebre y controvertido escritor francés Louis Ferdinand, novelista y médico, autor de la extraordinaria ‘Viaje al fin de la noche’ (1932).

El detective, que no se caracteriza por ser un lector medio, se atreve a preguntar: ¿Céline no murió en 1961? La dama le informa que lo han visto por el centro de la ciudad, en la librería del cascarrabias ‘Red’, ojeando libros de Faulkner, Carson McCullers y preguntando por Charles Mason.

Un millonario, Jack Bass, le hace un jugoso adelanto para que investigue si su voluptuosa y joven esposa reina de belleza, Cindy, le es infiel. El dueño de una funeraria lo contrata para que aleje de su vida a una mujer, la guapa Jeannie Nitro, de la que dice es una extraterretre y, por último, un tal John Barton lo ficha para que encuentre al enigmático ‘Gorrión rojo’.

El entusiasmo inicial de Belame, quien vuelve a sentirse como antaño ‘el mejor detective de Los Ángeles’, se viene abajo cuando comprueba que para desentrañar los misteriosos pedidos de sus clientes tendrá que arriesgar su propia integridad y dignidad. Como en las novelas del género, las historias se cruzarán entre sí y nada será lo que parece, y el final será impredecible.

Bukowski escribió ‘Pulp’ sabiendo que le quedaban pocos meses de vida. Decidió homenajear al género de ‘novela negra’, a la vez que la ironiza y la lleva hasta el paroxismo dotando a un género pretendidamente realista de una aureola surrealista, ficticia y hasta con reflexiones existencialistas. ‘Yo había fracasado hasta con las mujeres. ¡Joder! Me había casado tres veces. Nada había ido realmente mal ninguna de las veces. Todo se había venido abajo por trivialidades. Discusiones insignificantes. Ponerse furioso por nada y por todo. Día tras día, año tras año, triturándose’, dice Bukowski, perdón, Belame.

A sabiendas de que está próximo a morir -de ahí sus coqueteos con la sensual ‘Señora muerte’- le rinde homenajes a sus influencias literarias, como su idolatrado John Fante (‘Pregúntale al polvo’) que aparece como un sicario, o el mismo Céline, su gran referente del que bebió el estilo oral y ‘achorado’ que innovó la literatura mundial en la primera mitad del siglo pasado, pero que fue ignorado y vilipendiado por su desquiciado antisemitismo. Después de escribir ‘Pulp’, exorcizado, Bukowski murió en paz. Apago el televisor.

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