No dejes de leer a nuestro columnista El Búho.
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Este Búho aprovecha sus momentos libres para ver películas o leer buenos libros. A veces rebusco en mis cajones y encuentro una obra que me impactó cuando era joven e idealista. Así me sucedió con ‘El túnel’ (1948) de Ernesto Sabato. Esa novela marcó mi juventud.

Solo el inicio te anunciaba que este escritor tenía una manera de pensar totalmente diferente al resto de los escritores que había leído hasta ese momento. Comienza así: ‘Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan más explicaciones sobre mi persona’.

Pese a que anunciaba el fatídico final de la obra, este anuncio no hace sino que hipnotizar al lector, que asiste paso a paso al inicio de esta pasión y a esa obsesión indescriptible entre el pintor y María. Castel conoce a la chica en la exposición de sus pinturas. La ve mirando atenta un cuadro, donde está dibujada una mujer que mira fijamente una ventana.

A partir de ahí, asistimos al encuentro y el inicio de una relación donde cada uno parece ser consciente del final inexorable y trágico que tendrá esa relación. María Iribarne nos enamoró a todos, nos encandiló con su misterio, con su resignación ante un hombre que construye su propia destrucción y la de su amada, en nombre del amor.

Habla Castel, habla Sabato: ‘Algunos hombres, algunas mujeres aisladas me fueron muy queridos, por otros seres sentí admiración (no soy envidioso), por otros tuve verdadera simpatía, por los chicos siempre tuve ternura y compasión. Sobre todo cuando, mediante un esfuerzo mental, trataba de olvidar que al fin serían hombres como los demás’.

Recuerdo que leía esa novela en la soledad del estadio de San Marcos. Los tortuosos vericuetos de la obsesión de Castel por aquella mujer enigmática. El misterio de una muchacha que un alucinado Castel trata de desentrañar y, cuanto más se hunde en investigaciones y acechanzas, encuentra más situaciones incomprensibles. Aparece un marido ciego, un amor con un primo. El artista, que conoció a la joven en la exposición de sus pinturas, no puede resistir el fatalismo y la salvaje resignación de ella, y decide asesinarla.

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María Iribarne siempre ha estado en mi mente. Eso es lo hermoso de la literatura. ¿Era verdaderamente amante de su primo Hunter? ¿Tenía sexo con su esposo, el viejo ciego?

‘El túnel’ fue el primer peldaño de la célebre trilogía continuada por ‘Sobre héroes y tumbas’ (1961) –para su mejor novela- y la más densa ‘Abaddón el exterminador’ (1974).

ERNESTO SABATO Y EL COMUNISMO

Ernesto Sabato era físico de profesión y de joven fue dirigente de las juventudes comunistas, pero comenzó a desconfiar del comunismo cuando el ruso Stalin empieza a matar a los disidentes. Los líderes del partido, ante sus ideas críticas del comunismo soviético, lo mandaron a estudiar a la escuela de marxismo de Moscú, pero el futuro escritor intuye que lo más probable es que terminaría en un campo de concentración como gulag y se escapa de los comisarios que lo llevaban a Moscú y refugia en Francia.

Allí se vincula con los existencialistas, que lo apoyan para que publique su novela. ‘El túnel’ recibió críticas muy halagadoras de Albert Camus. Sabato es un ejemplo de lo que significa ser un escritor comprometido con su país. En 1983, a pedido del presidente Raúl Alfonsín, presidió la Conadep (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas) que elaboró un libro estremecedor, ‘Nunca más’, que este Búho leyó y se le humedecieron los ojos.

Allí se relataba, con lujo de detalles, toda la barbarie que instauraron en Argentina los militares genocidas, encabezados por Jorge Rafael Videla, en los centros de detención clandestina y el destino de miles de personas que fueron secuestradas, torturadas y asesinadas. Sabato, según sus allegados, siempre tuvo una visión trágica de la vida. Es muy famosa su frase: ‘La vida es tan corta y el oficio de vivir es tan difícil, que cuando uno empieza a aprenderlo, ya hay que morirse’. Para los jóvenes debería ser una lectura obligatoria. Apago el televisor.

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