Mario Benedetti
Mario Benedetti

Este Búho asiste emocionado los cien años del nacimiento del inmenso y multifacético escritor, poeta, ensayista y periodista uruguayo Mario Benedetti (Paso de Toros 1920-Montevideo 2009).

Y qué mejor que homenajearlo leyendo su obra. Conseguí una ‘joyita’, su primer libro de cuentos, ‘Esta mañana’ (1949), y me impresionó el relato ‘Como un ladrón’, en que la trama se centra en un hombre que ingresa a una secta que mezcla esoterismo, filosofía barata y religión, liderada por un sujeto hábil, hipnótico, un charlatán que robaba el alma, los bolsillos y hasta las mujeres de los incautos feligreses.

El que termina asesinando al estafador es el típico personaje que Benedetti tomará varios lustros después como su ‘alter ego’, Martín Santomé, en ‘La Tregua’, con reflexiones como esta: ‘A los treinta años yo era un tipo mediocre. Había fracasado como corredor de seguros, como periodista, como amante, creo que como hijo’.

Recuerdo que leí su entrañable novela ‘La tregua’ (1960) en la soledad del viejo estadio de San Marcos. Es la historia del viejo Martín Santomé, al que le faltan pocos días para jubilarse después de tristes décadas de oficinista.

Quince años atrás había enviudado y crió solo a sus hijos, porque no tuvo las agallas y el tesón para conquistar a otra mujer. Los lectores asistimos a sus pensamientos, descarnados, irónicos, a través de su diario íntimo.

Allí describe a sus muchachos. ‘Ninguno se parece a mí. En primer lugar, todos tienen más energía que yo. Esteban es el más huraño. Todavía no sé a quién dirige ese resentimiento, pero lo cierto es que parece resentido. Creo que me tiene respeto, pero nunca se sabe.

Jaime es quizás mi preferido, aunque casi nunca puedo entenderme con él. Me parece sensible e inteligente, pero no me parece fundamentalmente honesto. Es evidente que hay una barrera entre él y yo. A veces creo que me odia. A veces creo que me admira.

Blanca tiene al menos algo de común conmigo: también es una triste con vocación alegre’. Pero su mundo convulsiona cuando inicia un romance con Laura Avellaneda, quien tiene la misma edad que su hija Blanca. Esta le hace la guerra a su novia y a él, porque es posesiva y no acepta que Laura ocupe toda la mente de su padre.

El final es triste. Benedetti, reconocido poeta a nivel mundial, se consolidó con esta corta pero contundente novela. Luego le seguirían otras, como ‘Gracias por el fuego’ (1965) y la alucinante ‘El cumpleaños de Juan Ángel’ (1971), escrita en verso.

Son legendarios sus poemas de amor. Según él, todos fueron inspirados por su esposa Luz López, con quien estuvo casado ¡¡60 años!! ‘Para estar total, completa, absolutamente enamorado, hay que tener plena conciencia de que uno también es querido, que uno también inspira amor’, escribe en ‘Gracias por el fuego’.

El uruguayo tiene una extensión de carretera Panamericana en poemas de amor. Hagamos una para en ‘Viceversa’: ‘Tengo miedo de verte/necesidad de verte/esperanza de verte/desazones de verte//tengo ganas de hallarte/preocupación de hallarte/certidumbre de hallarte/pobres dudas de hallarte//tengo urgencia de oírte/alegría de oírte/buena suerte de oírte/y temores de oírte//o sea/resumiendo/estoy jodido/y radiante/quizá más lo primero/que lo segundo/y también/viceversa’.

Murió en el año 2009. Pero vive en el Olimpo de las letras. Escribo estas líneas escuchando el exquisito CD ‘El sur también existe’, de Joan Manuel Serrat, quien musicalizó eternos poemas del uruguayo, comprometido hasta su muerte con ideales socialistas que le acarrearon largos años de exilio. Brindo con una copa de vino en honor al vate. ¡Salud por los cien años, maestro! Apago el televisor