Periodistas fueron asesinados cumpliendo su labor periodística
Periodistas fueron asesinados cumpliendo su labor periodística

Este Búho se sorprende y no entiende la terrible indiferencia del Estado para con los millones de habitantes de las inhóspitas y casi inaccesibles cumbres andinas, quienes viven en condiciones de pobreza extrema. El informe del INEI, en su mapa de Pobreza Monetaria, coloca a 14 pueblos (dos ayacuchanos y catorce cajamarquinos) como los más atrasados del país. El distrito más pobre del Perú, créalo, está en Ayacucho y es . Sí, donde el 26 de enero de 1983, en los primeros años de la asonada terrorista de Sendero Luminoso y con el Ejército ocupando estas zonas declaradas en ‘emergencia’, ocho periodistas (seis de Lima y dos de Ayacucho) fueron asesinados cruelmente.

Ubicada en las alturas de Iquicha, adonde solo se podía llegar a caballo o a pie, los hombres de prensa iban con un guía, Juan Argumedo, que era conocido por los campesinos, y llegaban para indagar si en la vecina comunidad de Huaychao, de verdad, habían asesinado a siete ‘terrucos’ miembros de Sendero Luminoso, tal como informó la revista Caretas con fotos de los cadáveres y con las efusivas celebraciones del presidente Fernando Belaunde, quien instó a otras comunidades a tratar de la misma forma a los subversivos.

En Lima, algunos medios pusieron en duda la versión oficial y decidieron mandar a sus enviados especiales ‘a desentrañar la verdad’. En su impresionante trabajo para el New York Times, ‘Historia de una matanza’ (1983), Mario Vargas Llosa señala que los periodistas iban a hacer solo una parada en Uchuraccay, para continuar a la vecina Huaychao, pero lo que no sabían era que en esa zona de altura y pobre en tierras fértiles, columnas senderistas en tránsito habían ‘expropiado’ para la revolución, los pocos animales que poseían y asesinado a los comuneros que intentaron oponerse. Por eso las comunidades iquichianas ‘declararon la guerra a los terrucos’ y la masacre de Huaychao lo demostraba.

En ese contexto, con los campesinos celebrando con aguardiente y coca, pero también con excitación y miedo por las represalias senderistas, llegaron los periodistas caminando hacia la comunidad. Según el escritor, luego de un breve diálogo de sordos, ni bien los tuvieron a tiro de piedras, los atacaron y luego los masacraron con palos y hachas.

Posteriormente, los cuerpos mutilados fueron enterrados de a dos, boca abajo. Los especialistas señalaron que ese tipo de entierros se los hacían a sus enemigos. Cuando llegó la patrulla policial, los pobladores aseguraron que habían matado a ocho ‘terrucos’. Se quedaron aterrados cuando en vez de felicitarlos y entregarles provisiones como a los de Huaychao, los acusaban de asesinato.

En el informe de ‘La comisión Uchuraccay’ se detalla que los comuneros se defendían diciendo ‘matamos terroristas’, pues días atrás también habían asesinado a dos senderistas y esperaban un posible ataque. La llegada del grupo de extraños los confundió, produciéndose la masacre. Los periodistas que llegaron por aire hasta Uchuraccay comprobaron el estado de abandono de esta comunidad, sin ningún tipo de servicio básico, para ellos no existía el Estado.

Después que se retiró todo ese ejército de hombres extraños, los comuneros se quedaron solos otra vez con sus fantasmas. Según el revelador libro de Víctor y Jaime Tipe, ‘Uchuraccay: el pueblo donde morían los que llegaban a pie’, días después de la masacre llegaron los senderistas con una lista y ejecutaron a once personas.

Y así, cada cierto tiempo llegaban con nombres y procedían a cumplir ese ritual macabro. En un año la lista de asesinados alcanzó las 135 víctimas. No solo Sendero Luminoso asesinó al pueblo, el Estado, con su indiferencia, también lo sigue asesinando.

Hoy, después de 37 años, Uchuraccay es el pueblo más pobre del país. De sus 3 mil 861 habitantes, el 80% entra en la categoría de ‘pobre’. El 34% lo conforman analfabetos, solo el 25% tiene red pública de agua potable y el 2.5% desagüe y la gran mayoría de los cabezas de familia tiene un ingreso menor a 300 soles al mes. Eso es lo más triste. Apago el televisor.


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