(Imagen referencial /GEC)
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Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por su cachema frita, con sarsa criolla, chilcano y, para tomar, limonada heladita. “María, , a la par que el coronavirus.

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Todos tenemos una historia propia o de un amigo o familiar asaltado o estafado por delincuentes. Los hampones cada vez más crean nuevas modalidades de delitos. La última es el asalto en manada.

Es decir, un grupo enorme de rateros sale a las calles a robar todo lo que encuentren, sea peatones, restaurantes, motociclistas, viviendas o combis. Aprovechando su gran número y con gran ferocidad, despojan a sus víctimas de celulares, billeteras, tarjetas de crédito, carteras, ropa, zapatillas o auriculares.

De la misma forma que aparecen, huyen a la carrera. Los robos se producen sobre todo en horas de la noche, a fin de que la oscuridad los ayude en su huida. Cuando la Policía llega, alertada por los vecinos, ya no encuentra a nadie.

A esta modalidad se suma la de los asaltos a micros, buses y combis. Los delincuentes se suben como pasajeros y una vez dentro roban a los pasajeros, chofer y cobrador.

AMENAZARON CON MATAR A PASAJEROS EN PRO

pero sus cómplices bloquearon el camino del carro, amenazaron con matar a los pasajeros y chofer hasta que lograron rescatar al ladrón. Y todo esto sucede en la ciudad y en una avenida importante como la Panamericana Norte.

Es decir, Lima se está convirtiendo en tierra de nadie. Esto no puede ser. El próximo alcalde debe incidir en este tema como prioridad. Pero también el ministro del Interior. Será que los hampones sienten que hay una especie de desgobierno o debilidad en las autoridades actuales para actuar con todo.

Hace poco el titular del sector, Avelino Guillén, anunció que conformarían un grupo de agentes, similar al GEIN que capturó a Abimael Guzmán, pero para luchar contra el sicariato. A este paso, va a tener que crear varios GEIN para combatir cada una de las modalidades que atormentan a los honestos ciudadanos.

Desde acá solo pedimos acción y mano dura. Que metan a los hampones a la cárcel, que es donde deberían estar. Pero que esas prisiones no sean escuelas del delito, como son ahora, sino centros de verdadera readaptación, donde los reos no tengan ningún contacto con el exterior, salvo sus visitas dominicales, para evitar que desde el interior sigan con sus fechorías, extorsionando a empresarios o dueños de pequeñas bodegas”. Mi amigo Gary pone el dedo en la llaga en este tema. Los peruanos estamos cansados de tanto robo. Me voy, cuídense.

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