Miles de ciudadanos honestos, trabajadores y padres de familia son aterrorizados por los maleantes extranjeros
Miles de ciudadanos honestos, trabajadores y padres de familia son aterrorizados por los maleantes extranjeros

Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por su caldo de pollo, mollejitas a la parrilla con papas doradas y ensaladita fresca. Para tomar pidió una naranjada al tiempo. “María, las mafias de extorsionadores venezolanos aterrorizan ahora a los transportistas de colectivos y mototaxis, a varios de los cuales ya han asesinado por negarse a pagar cupos diarios. Una de las víctimas es el padre de familia Carlos Javier Vargas Palomino (46), quien trabajaba como mototaxista y fue acribillado el pasado lunes en El Agustino.

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Una mafia de venezolanos lo extorsionaba y amenazaba en el paradero Alameda de los Girasoles. Como no quiso pagarles dinero lo asesinaron a tiros. En otro caso, un sicario subió a una combi y mató de varios balazos al chofer Germán Mendoza Espíritu (38) delante de sus pasajeros, en Santa Anita. Como el anterior, también se había opuesto firmemente a dar cupos a los malvivientes, lo que le costó la vida. Según la Policía, los extranjeros lo conminaban a pagar 10 soles diarios para dejarlo trabajar.

Así como estos hay cientos de historias en todo el país. Miles de ciudadanos honestos, trabajadores y padres de familia son aterrorizados por los maleantes extranjeros. Aquí lo que se necesita es mano dura contra estas mafias y extirparlas de raíz.

Claro, eso solo se lograría con un gobierno fuerte y honesto, no con este que solo se dedica a defenderse de las graves acusaciones de corrupción que van desde el presidente hasta sus ministros y otros altos funcionarios. ¿Cuántos peruanos más tienen que morir para acabar con esta lacra? Basta de mano blanda, persigamos a esos malandros, ubiquemos sus guaridas, denunciemos sus tropelías, expulsémoslos del país; solo permitamos a los buenos, a los trabajadores, a esos extranjeros que de verdad quieren contribuir con el Perú.

Y no escuchemos a esas ONG que viven de remesas extranjeras, que lo único que piensan es en los derechos humanos de los delincuentes, pero se callan en todos los idiomas cuando de defender a los buenos y honestos se trata. Se parecen a esas organizaciones no gubernamentales que solo defienden terroristas y nunca se les ha escuchado defender a los policías y militares que caen emboscados por los subversivos.

En campaña, el presidente Pedro Castillo anunció que expulsaría a los hampones extranjeros, pero ya ha pasado más de un año y nada de eso ocurre. Cierren las fronteras ya, a cal y canto. No permitan que nadie más entre. Que se cree una unidad policial que se dedique a perseguir a los mafiosos extranjeros y los encarcele o bote del país como alimañas que son. Me imagino el dolor de los hijos y familiares de esos dos transportistas asesinados. ¿Qué daño hicieron? ¿Por qué tienen que pagar esto solo por trabajar de forma honesta? Es hora de que los peruanos nos levantemos y nos dejemos agredir en nuestro propio país”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.

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