Pancholón atrasador
Pancholón atrasador

El Chato Matta llegó al restaurante por un cebichito de reineta con bastante rocotito y de segundo se pidió un seco de res con frijoles. “María, el viernes estuve en el sauna con Pancholón, el abogado más mujeriego que han visto mis ojos. Apenas ve pasar a una mujer, como el escritor Charles Bukowski, se imagina en la cama con ella.

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Estaba ‘herido’ de una amanecida a puro ron y se pidió un juguito de papaya heladito para calmar ese hígado. ‘Chatito -me dijo-, tú eres mi hermano, tienes calle, no eres largador y por eso te cuento la firme. Tuve miles de aventuras en interminables noches y amanecidas en más de 30 años.

La semana pasada me reencontré con un viejo amor, una caminante antigua, imagínate, de los tiempos de la ‘Máquina del sabor’, de la avenida Venezuela. Con Cindy me pegué buen tiempo, me dio alegría verla, todavía está fuerte, nos emborrachamos esa noche y terminamos cantando la canción de mi tía Laura Mau: ‘Deseada, deseada, no importan los sentimientos, solo el sexo/ solo el sexo’.

Nunca me voy a olvidar cuando en un cuarto de ‘La Posada’ me confesó que había conocido a un gringo que llegó de turista al Perú y le puso la puntería. No me había dicho nada, pero una noche me citó en ‘La Posada’ cuando ya tenía todos sus planes bien armados. ‘Gordito, hazme tuya por última vez. Mañana me voy a Estados Unidos, hay un hombre bueno que me va a dar todo lo que tú me niegas.

Te acostumbraste a buscarme en las madrugadas, hacerme el amor, invitarme un sanguchón de 5 soles en la avenida La Marina y me dejabas en mi casa como un paquete. Eso no es vida para una mujer como yo, Pancho’. Causa, te juro que soy barrio, de corazón duro, pero esa noche derramé lágrimas de varón.

Cindy me juró que me amaba, pero tenía que ver por su futuro. Después de varios años regresó al Perú ganadaza, con un gringo grandazo de dos metros, pero con cara de gilazo y una preciosa hija adolescente. En su casa anunciaron un gran fiestón con orquesta. Al comienzo todo estaba bien en el tono, pero las chelas se le subieron al gringo y se quedó dormido.

Cindy, embalada por los tragos, me dijo: ‘Anda a la esquina y espérame en tu camioneta’. Cuando llegó, se me lanzó encima. Hicimos el amor como locos en mi carro. En mi borrachera, le dije: ‘Te vendiste por unos dólares’. Ella lloraba y me besaba. ‘Pancho, di todo por ti y me pagaste mal. Nunca voy a olvidar cuando en mi cumpleaños te pusiste a hacer una chanchita para comprar una caja de cerveza. ¡Qué vergüenza! Tenía que ver por mi futuro.

Recibe lo que te doy como muestra de que fuiste mi gran amor, porque mi gringo es buenísimo, me complace en todo y nunca lo abandonaría. No lo amo, pero vivo tranquila’. María, el tiempo cura todas las heridas y la verdad es que después que se me pasó la borrachera, me di cuenta de que solo quise darme el gusto de hacerle otra vez el amor. me puse en los zapatos del gringo, qué palta, pobre hombre”. Pucha, ese señor Pancholón es muy sinvergüenza, no respeta a nadie. Va a terminar viejo y solo. Me voy, cuídense. María pancholón atrasador la seño

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